A Decir Verdad Espacio de reflexión histórica y política

2Feb/181

¿Alguien, alguna vez, podrá pisarle la cola al león?

Por Carlos Salvador La Rosa

Así como la democracia se va perfeccionando a través de los diversos ensayos de prueba y error, los intentos de desestabilizarla o clausurarla también actúan de la misma manera, hasta que una de las tendencias se impone sobre la otra.

En la Semana Santa de Alfonsín, allá por abril de 1987, un grupo de oficiales del Ejército se alzó contra la Constitución. Su reclamo no era aún la caída del gobierno pero pretendían el fin de los juicios a los militares por delitos de lesa humanidad. Cosa que lograron, al principio con límites, y luego con el indulto total de Menem.

Como les fue tan bien, entonces siguieron intentando golpes con cualquier excusa, tal cual el coronel Seineldin en diciembre de 1990 por razones que ya nadie recuerda.

Pero esta vez se actuó sin contemplaciones contra los militares golpistas. Algo parecido había ocurrido en enero de 1989 con el copamiento del regimiento de la Tablada por guerrilleros que pretendían recrear el clima insurreccional de los años 70.

El efecto práctico de ambos conatos destituyentes fue que al negarse las autoridades a negociar con los sublevados, tanto militares como guerrilleros, jamás se repetiría en las décadas siguientes ningún hecho de este tipo. Los violentos 70 finalizaban, y la democracia se imponía sobre sus enemigos como único sistema de gobierno. A partir del ensayo y error.

Los sindicatos, por su lado, fueron implacables con los gobiernos no peronistas de Alfonsín y De la Rúa, mientras que con el más grande privatizador del siglo, Carlos Menem, fueron absolutamente contemplativos por el solo hecho de ser éste peronista. A Alfonsín no lo dejaron en paz con infinitas huelgas salvajes. Y a De la Rúa se le sublevaron cuando éste postuló una reforma laboral y llegaron al paroxismo cuando la entonces ministra de Trabajo, Patricia Bullrich, les pidió la declaración jurada de bienes.

A ambos gobiernos los sindicatos les hicieron todas las zancadillas posibles y les fue bien ya que su contribución fue clave para que ninguno de los dos terminara su mandato. Y no lo decimos nosotros, lo dice Barrionuevo claramente:  “A los sindicatos los atacaron los militares, Alfonsín y De la Rúa, y terminaron mal”, advirtió. Para finalizar con un amenazante: “No le pisen la cola al león”.

O sea que, a diferencia de militares y guerrilleros que ya no lo intentan más por haber fracasado, los sindicatos siguen con la prueba de ensayo y error para ver si les sigue yendo bien con sus pretensiones de mantener privilegios corporativos desestabilizando gobiernos.

Así, de modo inconcebible más parecido a una republiqueta bananera que a una auténtica república democrática, ahora proponen una movilización gigantesca de todos los trabajadores por una sola razón: para que la Justicia no siga investigando más los bienes de Hugo Moyano. Una amenaza brutal a la Justicia y al Gobierno juntos. Y no por reivindicaciones obreras, sino para salvar el pellejo de un capo.

A ellos se les suman los políticos que también tienen miedo de ir presos (o ya están presos), quienes tienen su propio vocero judicial, el ex juez Raúl Zaffaroni, el cual desea que el gobierno  de Macri “se vaya lo antes posible”.

Pero hay una diferencia, los políticos destituyentes ya tuvieron su oportunidad a fines del año pasado cuando primero con la utilización del joven Maldonado y luego con el intento de copamiento del Congreso a las pedradas, buscaron desenfadadamente que Macri se fuera en helicóptero, pero les fue horriblemente mal. Mientras que a los sindicalistas hasta ahora siempre les fue bien cuando jugaron a que los gobiernos que ellos no quieren no terminen su mandato.

Por eso están cebados, por eso lo seguirán intentando hasta que alguna vez fracasen en su intento.

Y es la democracia (lo que es mucho más que el gobierno de turno) la que, a través de sus pruebas de ensayo y error, deberá ponerse firme contra todos sus adversarios y/o enemigos hasta que el sistema se consolide definitivamente. Y todos acepten disputar poder nada más que dentro del mismo, jamás afuera.

Fuente: diario Los Andes

 

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Comentarios (1)
  1. Aunque diga cosas ciertas, revela idolatría por el sistema democrático vigente. Hay otras formas de democracia y de representación popular, y la autoridad es de derecho natural, mientras que los sistemas no lo son, y menos si son injustos (igualitarios) como este.


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