A Decir Verdad Espacio de reflexión histórica y política

7Jun/173

¿Sirve la actual política económica para domar la herencia K?

Por Roberto Cachanosky

Desde el kirchnerismo se critica al PRO porque dicen que Macri mintió en la campaña. Es decir, prometió cosas que no hizo. Esta es una acusación absolutamente falsa porque, justamente, Macri nunca anunció una reforma del Estado, ni eliminar los planes sociales, ni reducir la cantidad de empleados públicos, ni volver a un sistema de capitalización privado de jubilaciones y cosas por el estilo. Solo dijo algo sobre las tarifas de los servicios públicos que ya el kirchnerismo había iniciado quitando algunos subsidios y luego apeló al voluntarismo de atraer inversiones, un cuento que alguien le hizo para no encarar los problemas de fondo suponiendo que el solo paso del tiempo los iba a resolver. Es más, el PRO, salvo unos pocos ñoquis, no echó a nadie del sector público, la estructura de la administración pública nacional aumentó un 25% y se enorgullece de tener más planes sociales que el kirchnerismo.

El kirchnerismo dejó una herencia terrorífica, a saber:

  • Tipo de cambio atrasado
  • Gasto público récord e ineficiente
  • Presión impositiva récord
  • A pesar de 3), déficit fiscal entre los más altos de la historia económica argentina
  • Destrucción del sistema energético
  • Destrucción de 12 millones de cabezas de ganado
  • Destrucción de las economías regionales
  • Empleo público récord
  • El gobierno kirchnerista dejó un 29% de pobres y 6,4% de indigentes
  • El stock de LEBACS, NOBACs y pases netos empezó con $ 10.000 millones en 2004 y terminó en 2015 con 300.000 millones. Multiplicaron por 30 la deuda del BCRA
  • Vaciaron el BCRA a punto tal que tuvieron que poner un cepo cambiario
  • Prohibieron la exportación de trigo y maíz induciendo el monocultivo
  • En vez de generar trabajo crearon generaciones de planeros que viven de subsidios y no saben lo que es trabajar
  • El atraso de las tarifas de los servicios públicos fue infinitamente mayor al que generó Gerlbard en 1973 que derivó en el rodrigazo de 1975
  • Nos robaron los ahorros que teníamos en las AFJP para financiar populismo
  • Los trenes chocaban dejando muertos
  • Llevaron al extremo la cultura de la dádiva
  • Es el gobierno más sospechado de corrupción de la historia argentina

Y el listado puede seguir. Ahora bien, frente a esta dramática herencia dejada por el kirchnerismo, el PRO tuvo un diagnóstico equivocado de la herencia que recibía del kirchnerismo subestimándola o cometieron un serio error en creer que los problemas se iban a solucionar solos con el solo requisito que Macri se sentara en el sillón de Rivadavia. Pensaron que la sola presencia de Macri y quitando el cepo iban a llover inversiones que harían crecer tanto la actividad que la recaudación aumentaría de tal manera que el déficit fiscal se solucionaba solo. Puesto de otra manera, asumiendo que tenían un relevamiento acertado de la herencia que dejaba Cristina Fernández, la forma de enfrentar esa herencia no fue ni es la adecuada. Para eso se requería cirugía mayor en materia impositiva, del gasto público y reforma laboral como mínimo. Además, la suba de la tasa de interés abortó el acomodamiento del tipo de cambio de mercado y complicó la salida por el lado de las exportaciones.

De las tres opciones que tenía el PRO para poner en marcha la economía: 1) consumo, 2) inversión y 3) exportaciones, la última era la más rápida para salir de la larga recesión de 5 años que dejaba el kirchnerismo y las que iban a permitir enfrentar reformas estructurales con menor impacto sobre la población. El consumo, llevado artificialmente hasta niveles insostenibles por Cristina Fernández iba a caer inevitablemente y la inversión iba a llevar su tiempo.

Desde el comienzo alguien le vendió a Macri que era políticamente imposible hacer reformas estructurales por el costo social que ellas implicaban sin evaluar el costo social de no hacer las reformas estructurales. Si el presidente hubiese tenido asesores más preparados hubiera advertido que el costo social de no hacer las reformas era más alto que hacerlas.

Por otro lado, se pueden hacer todos los argumentos políticos que se quiera para decir que no se pueden hacer reformas estructurales, pero la economía ignora todos esos argumentos. Si hay escases no es con pensamiento optimista que se soluciona el problema como pretende el filósofo estrella del gobierno o haciendo encuestas para ver qué opina la gente. Un estadista lidera el cambio, no sigue los caprichos que surgen de las encuestas.

¿Qué hacer ahora? En mi opinión terminar con esto de 6 ministerios en el área económica y poner un solo ministro que tenga una visión general del problema económico y cómo encararlo. El presidente no va a quedar opacado porque un ministro de Economía sea exitoso. En segundo lugar, ese ministro tiene que explicar claramente la herencia recibida y por qué hay que bajar el gasto público con planes de retiro voluntario en empleados públicos y un plan (hay varios trabajos al respecto) para ir reduciendo los llamados planes sociales. En vez de endeudarse para financiar el déficit fiscal, endeudarse para financiar la reforma del Estado. En vez de hacer obras públicas con deuda, convocar al sector privado para hacer esas obras. Primero se hace la inversión y luego empiezan a cobrar con peajes o las tarifas correspondientes.

Cambiar la legislación vigente y permitir que se hagan transacciones en cualquier moneda. El peso debe dejar de tener curso forzoso porque se necesita urgente una moneda para poder hacer operaciones de largo plazo.

Plantear una reforma laboral que estimule la contratación de personal para poder reducir la pobreza.

Convocar a la oposición a acompañar esta política para enfrentar la herencia recibida. Si una vez bien explicada la herencia, la oposición se niega a acompañar las medidas necesarias para frenar el sufrimiento de la gente, entonces quedará en evidencia que los responsables son los partidos opositores. Y de compromiso la oposición propone medidas absurdas se las denuncia. Pero para eso tienen que nombrar a un ministro de Economía que sepa comunicar. Que sea casi un docente.

En síntesis, los problemas no se van a solucionar solos con el solo paso del tiempo o endeudándose indefinidamente porque no hay posibilidad de endeudarse eternamente por más liquidez que haya en el mercado internacional. Tampoco van a llover las inversiones porque Macri sea presidente. Van a venir cuando no las maten con impuestos, haya infraestructura, estabilidad de precios y Argentina deje de ser tan cara en dólares por el retraso artificial del tipo de cambio real vía la tasa de interés.

Los problemas hay que enfrentarlos. No esperar a que se solucionen solos. Eso es lo que tiene que entender Macri. Y también tiene que entender es que si el plan económico es no tener un plan económico, es porque no entienden cómo funciona la economía y todas las variables están interrelacionadas, incluso con el flanco institucional.

Un punto antes del párrafo final. También hay que dejar de gobernar mirando qué dicen las encuestas. Acá no se trata de vender un detergente, se trata de adoptar medidas que requieren de estadistas que sepan liderar el cambio.

En definitiva, hace falta más ciencia y experiencia y menos humo vendiendo un falso optimismo y entusiasmo.

Fuente: Libertad y progreso

9Abr/171

Suecia: el fin de la mayor utopía progre del siglo XX

Por Manuel Llamas.
Hasta hace escasos años, el país nórdico recibía las pleitesías y más grandes alabanzas de la socialdemocracia europea como ejemplo de desarrollo económico y social. Sin embargo, para desdicha de la izquierda, el "modelo sueco" ha muerto. Suecia se ha embarcado en un intenso y creciente proceso de liberalización sin parangón en el Viejo Continente. La nueva deriva emprendida por la clase política de aquel país ha puesto punto y final al último gran mito de la economía planificada en Occidente.
La obra de Mauricio Rojas Reinventar el Estado de Bienestar, editada por Gota a Gota, desgrana los grandes cambios sociopolíticos que se han producido en Suecia. Desde mediados de los años 90, en ese país se aboga por la cesión al sector privado de un amplio abanico de servicios sociales que hasta hace poco manejaba exclusivamente el Estado, tales como la educación, la sanidad, la atención a la tercera edad, el sistema de pensiones o las prestaciones por desempleo y enfermedad, por citar sólo unos pocos.
Tras casi treinta años de férreo control público, Suecia sucumbió a una grave crisis económica, a principios de los 90. Entonces, la red estatal en la que tanto confiaban sus ciudadanos se vino abajo como un castillo de naipes, poniendo así al descubierto una de la mayores falacias políticas de la segunda mitad del siglo XX: el bienestar social.
Hasta 1950 Suecia había logrado un relevante desarrollo económico gracias a la escasa intervención pública y los bajos impuestos. Sin embargo, veinte años más tarde (1970) alcanzaba su cenit en cuanto a expansión estatal e impositiva se refiere, lastrando con ello los avances logrados hasta el momento. Rojas, economista y diputado del Partido Liberal, recuerda que entre 1950 y 1973 el crecimiento sueco fue el más lento de Europa Occidental, excepción hecha del británico.
Por entonces Suecia había emprendido la "vía socialdemócrata al socialismo". Rojas explica cómo los Gobiernos del país, en lugar de socializar los medios de producción, se incautaban de los recursos económicos de las empresas y los ciudadanos para, a través de unas onerosas cargas fiscales, "socializar los ingresos y, con ello, el consumo". Así, la presión tributaria se duplicó entre 1960 y 1989, pasando del 28 al 56% del PIB.
Con tal capacidad recaudatoria, no es de extrañar que el gasto público pasara del 31 al 60% del PIB entre 1960 y 1980. Había nacido el modelo sueco. El Estado monopolizaba un amplio sector de servicios de bienestar "totalmente politizado y herméticamente cerrado" tanto a las preferencias de los usuarios como a la competencia de las empresas privadas, que se consideraba desleal e ilegítima. El sistema, basado en una elevada confiscación de salarios y beneficios empresariales, aseguraba a todos los suecos un considerable nivel de ingresos y beneficios sociales mediante la función redistribuidora propia del poder político.
Eso decía la teoría. En la práctica, las cosas eran bien distintas. Entre 1960 y 1990 el empleo aumentó un 81% en EEUU; en Suecia, un raquítico 25% (menos de un 1% anual de media). El crecimiento del PIB se ralentizó, y los suecos perdieron poder adquisitivo frente a los estadounidenses.
Como ya hemos comentado, la libertad de elección y decisión de los suecos se vio severamente restringida por la coacción estatal. Así, Rojas detalla cómo el Estado intervenía en materias circunscritas al ámbito estrictamente privado, tales como la formación de la familia (Suecia aplicó durante décadas un amplio programa de esterilización selectiva de individuos) o la elección de vivienda (con políticas que combinaban las ayudas sociales con unas cargas tributarias elevadísimas).
Llegados a este punto, huelga decir que la educación básica, la sanidad o los servicios asistenciales eran también, en su inmensa mayoría, de titularidad pública. Y el ciudadano apenas podía, cuando podía, elegir.
El sueño keynesiano llegó a su fin en la primera mitad de los 90. Suecia entró en recesión: con el PIB estancado, el paró alcanzó el 13% en 1993, y la crisis fiscal que hubo de hacer frente el país fue de enorme magnitud. A la sustancial caída de los ingresos tributarios se sumó una cifra récord de gasto social, que llegó a representar el 72,4% del PIB. El elevado déficit y el endeudamiento público tuvieron por consecuencia el colapso del sistema de bienestar... y el consiguiente renacimiento del pensamiento liberal, firme detractor del paternalismo estatal imperante.
La reforma del modelo consistió, básicamente, en la sustitución del monopolio estatal de los servicios públicos mediante una creciente privatización de la gestión de los mismos. Suecia implantó los denominados vales de bienestar; es decir, se optó por transferir recursos a los ciudadanos para que éstos escogieran libremente entre una amplia oferta de servicios sociales privatizados. De este modo, por primera vez en décadas los padres podían elegir, sin costo extra, la escuela de su preferencia, ya fuera dentro del sector público o entre las denominadas escuelas independientes. Lo mismo ocurrió en materia de salud y atención médica, o en lo relacionado con el cuidado de los niños y los ancianos. A través de un sistema de licitaciones a cargo de los gobiernos provinciales y municipales (Suecia cuenta con un modelo político ampliamente descentralizado), las empresas pudieron ofertar servicios de bienestar en igualdad de condiciones y en directa competencia con el sector público.
En la actualidad, el país nórdico cuenta con cerca de 1.000 escuelas independientes, a las que asisten más de 135.000 alumnos. Mientras, casi el 35% del gasto público en salud se consume en la provisión privada de servicios médicos, aunque dicho porcentaje varía en función de las distintas regiones. Por lo que hace a los ancianos, disponen de vales o cheques públicos para cubrir diversas (cursos, terapias, entrenamiento físico específico, residencias, etcétera).
Asimismo, el Gobierno sueco apostó por la capitalización parcial del sistema público de pensiones, lo cual posibilitó, en gran parte, la reducción del abultado déficit del Estado. Además, en los últimos años se ha aplicado una sustancial rebaja de impuestos relacionados con el trabajo. Así, cada asalariado dispone hoy de 110 euros más al mes –de media– que hace apenas dos años, al tiempo que se ha reducido la carga tributaria en la contratación laboral.
Por último, cabe destacar la reforma del sistema de seguros de desempleo y enfermedad. Se han eliminado prestaciones y se han endurecido los requisitos exigibles para acceder a este tipo de servicios. Como consecuencia, quince años después del inicio de este ambicioso plan de reestructuración, Suecia se ha colocado nuevamente a la vanguardia del crecimiento económico entre los países más avanzados.
En términos generales, la carga tributaria que soportan los suecos se ha reducido de media un 15% desde 1990, al tiempo que el gasto y la deuda pública han caído un 20 y un 43%, respectivamente. Según Rojas, Suecia ha pasado del Estado de Bienestar clásico a un nuevo "Estado Posibilitador", en el que la gente cuenta con una mayor libertad de elección a la hora de consumir servicios sociales.
Así pues, el gran mito del movimiento progresista ha muerto. El intervencionismo público ha fracasado una vez más. Ahora bien, pese al desmentelamiento del monopolio estatal en múltiples sectores, Suecia sigue teniendo un Estado de gran tamaño. En esencia, la reforma sueca ha dado lugar a un nuevo modelo: el "capitalismo del bienestar", que dice Rojas. El objetivo es que las empresas, sin dejar de lado el aspecto comercial, "formen parte integral del sistema de prestación de servicios públicamente financiados", escribe este diputado liberal de origen chileno.
La regla general sigue siendo la financiación pública directa (vía asignación presupuestaria o pago público a la firma licitadora) o indirecta (a través de los denominados vales o cheques de bienestar) de los servicios básicos. De este modo, en Suecia la carga tributaria sigue siendo elevada, pues sigue siendo el erario público quien mantiene la red asistencial del país. Se trata de un sistema mixto, basado en la colaboración entre los sectores público y privado, que, si bien ha demostrado un mayor grado de eficiencia que el anterior, el del monopolio estatal, no parece pensado para dar el paso definitivo hacia la privatización total.
Suecia ha empezado a transitar la senda de la liberalización, pero aún le queda mucho camino por recorrer. La obra de Rojas arroja un rayo de luz y esperanza sobre las reformas emprendidas por la sociedad y la clase política de este paradigmático país nórdico. Al menos, para consuelo de aquellos que se hacen llamar liberales, el mito progre del "modelo sueco" se ha desvanecido entre las tinieblas del intervencionismo público más retrógrado y déspota que ha conocido Occidente tras la caída del Muro de Berlín.
Fuente: Libertad Digital

 

15Mar/170

Populismo: ¿se elimina cambiando la oferta o la demanda?

Por Roberto Cachanosky

El gobierno de Macri ya terminó su luna de miel y la gente lo sigue apoyando por miedo a la vuelta del kirchnerismo. La política que hasta ahora vienen mostrando el gobierno es un poco la política de la extorsión: lo mío no es bueno pero es esto o vuelven los k. Habrá que analizar si existe esa posibilidad realmente.

Lo que sí se ve bastante claro es la intención k de desestabilizar al gobierno. Sabemos que el peronismo, en sus diferentes versiones, no se banca estar fuera del poder. El peronismo nació golpista con Perón participando del golpe de 1930 contra Yrigoyen, luego en el de 1943, naciendo a la vida política cuando escaló posiciones dentro de ese gobierno militar.

En esta oportunidad varios k saben que si transcurre el tiempo con ellos fuera del poder pueden terminar detrás de las rejas luego de 12 años de corrupción desenfrenada y abuso del poder. Iban por todo y se quedaron complotando para ver si pueden zafar de los casos de corrupción que siguen saltando.

Se sabía que el gobierno que siguiera al de Cristina Fernández iba a enfrentar una situación económica muy delicada. Es decir, a los 70 años de políticas económicas decadentes se le agregaba un campo minado dejado especialmente por el kirchnerismo para complicarle la vida al que viniera atrás. Y Marcri compró el discurso de onda zen que le vendió Durán Barba, junto con letra que le dan Marcos Peña y Alejandro Rozitchner donde criticar no es constructivo. Según sus propias declaraciones, inteligente es poner entusiasmo y optimismo, como si todo se lograra con dos palabras mágicas en vez de usar la ciencia para resolver los problemas. Lo mismo decía Alfonsín en la campaña electoral de 1983: con la democracia se come, su cura y se educa, y terminó su mandato 6 meses antes en el medio de una hiperinflación.

Insisto, el PRO decidió encarar la herencia populista con una política progre. Si uno observa la política económica hay avances respecto a los disparates que hacían Kicillof y Moreno, pero no es tan diferente a políticas económicas anteriores que igual fracasaron.

Ejemplo, en el gobierno de la Rúa no había cepo cambiario, se podían comprar libremente dólares. Tampoco había controles de precios ni persecuciones de la AFIP. Pero había un gasto público consolidado que representaba el 35% del PBI versus el 48% que representa hoy y sin embargo en aquél momento no pudo financiarse indefinidamente con deuda externa. Cuando se acabó el crédito externo todo fracasó por no hacer reformas estructurales para poner orden fiscal. Recordemos que a Ricardo López Murphy lo echaron del gobierno por querer bajar el gasto público, el equivalente a U$S 3.000 millones y luego Duhalde hizo un desastre con la devaluación y la llamarada inflacionaria. Además de no pagar los intereses de la deuda por el default declarado por Rodríguez Saa.

Lo que quiero decir es que todos respiramos con alivio de no tener más a los k, pero no nos engañemos, el cambio de gobierno solo evitó, por ahora, llegar a ser la Venezuela chavista. Estamos muy lejos todavía de haber entrado en una política económica de crecimiento de largo plazo. El gasto público sigue disparado, la presión impositiva asfixiante y ni por asomo tenemos un plan económico para enfrentar la herencia recibida.

Claro que cuando uno propone algunas medidas como las mencionadas, bajar el gasto, los impuestos, reforma laboral, etc. más de uno dice que no se puede, que te incendian el país, que no es el momento y mil argumentos más para no hacer las cosas. Es como aquel que le dicen que tiene que bajar de peso y dice que no se puede. Si está convencido que no se puede, entonces no va a hacer nada para bajar de peso. Si todos estamos convencidos que no se pueden hacer cambios, entonces tampoco se van a hacer los cambios y seguiremos en el tobogán de la decadencia.

Viendo que la democracia se ha transformado en una competencia populista donde el que más barbaridades ofrece más votos saca y que, al mismo tiempo parece haber una demanda por populismo, uno podría llegar a la conclusión que Argentina es irrecuperable. Que como el que está excedido de peso, no va a bajar unos kilos porque no se puede. Este sería el peor escenario.

Otro es pensar que sí se puede cambiar. El gran interrogante es por dónde hay que empezar. Siempre estuve convencido que había que convencer a la oferta, los políticos, que modificaran sus discurso para que educaran a la gente. Sin embargo cada vez me convenzo más que los políticos no quieren un cambio. La política se transformó en un negocio que requiere de mucho gasto público, puestos burocráticos innecesarios pero que le den lugar e ingresos a la tropa de militantes que, cuando llegan las elecciones, tienen que trabajar en la campaña. Los partidos políticos ahora se financian con un estado sobredimensionado. Se financian con la plata del contribuyente y para eso necesitan ofrecer populismo. Luce tal vez utópico intentar cambiar la oferta considerando que es como tratar de convencer a un industrial que disfruta de un negocio cautivo gracias al proteccionismo y se le proponga competir. Ningún político va a querer dejar el “negocio” cautivo. Todos luchan por tener el poder del estado que les da caja para mantener su tropa, en consecuencia no tienen estímulos para bajar el gasto, los impuestos y generar competencia.

Me parece que la solución pasa por el lado más difícil, cambiar la demanda. Que la gente empiece a no demandar populismo y comience a demandar orden fiscal, gasto público bajo, impuestos reducidos, apertura de la economía para poder acceder a bienes de mejor calidad y precios más bajos y todo lo que tiene que ver con una economía abierta.

Para intentar cambiar la demanda se puede hacer desde la política, desde los medios, con fundaciones, las redes sociales, etc. En definitiva, se requiere de un grupo organizado dispuesto a actuar con audacia en propuestas que hoy nos dicen que son políticamente incorrectas. Falso, no son políticamente incorrectas, son propuestas que no le convienen a la política actual. A los políticos no les conviene perder el negocio de la política dado que el poder da lugar a muchos buenos negocios. Y para retener el poder hace falta tener gasto público.

En definitiva, creo que nos queda un largo camino por delante. Un camino difícil. Como el que está excedido de peso y dice que no puede bajar un kilo, lo que tenemos que lograr es romper esa inercia negativa pensando que no se puede cambiar nada y empezar a hacer el esfuerzo de cambiar la demanda. En la medida que se produzca un cambio en la demanda, la oferta, es decir los políticos, van a comenzar a cambiar también porque ellos “venden” lo que la gente demanda. Van a adecuar su discurso para no quedar fuera del negocio.

En definitiva, es cuestión de empezar a tratar de cambiar la demanda aunque parezca difícil, porque la peor gestión es la que no se hace.

Fuente: Economía para todos.

24Ene/172

De la caída del muro de Berlín a la construcción de nuevos muros

Por Agustín Etchebarne

El mejor momento de la historia que le tocó vivir a nuestra generación fue a partir de 1989. La caída del muro de Berlín marcó el fin del comunismo en las quince repúblicas soviéticas que conformaban la URSS y en los nueve países sojuzgados bajo el  Pacto de Varsovia. Así surgieron 19 países y otros siete recuperaron su libertad: Alemania Oriental, que se fusionaría con su hermana, Bulgaria, Checoslovaquia, que se partiría en dos, Hungría, Polonia y Rumania.

La libertad se imponía frente a todas las ideologías que intentaron destruirla en el siglo XX. La segunda gran guerra había costado 60 millones de muertos y, en conjunto, el comunismo-socialismo había sembrado el mundo con más 100 millones de cadáveres, ríos de sangre y miseria.

A partir de la posguerra medio planeta empezó  a abrir sus puertas y derribar los muros del proteccionismo. Veintiocho países integraron el Mercado Común Europeo, comerciaron con arancel cero y luego conformaron la Unión Europea. EE.UU. bajó sus aranceles hasta 1,5% en promedio y se integró a México y Canadá en el NAFTA y se firmaron centenares de otros Tratados de Libre Comercio. Países como Chile y los cuatro Tigres asiáticos se integraban al mundo a una velocidad inusitada disfrutando de tasas de crecimiento notables. China se abría a los capitales de EEUU y Europa y empezaba a crecer al 10% anual. Finalmente la India se sumaba a la apertura y entre ambos países aportaban 2.700 millones de personas al comercio mundial. La consecuencia fue un notable crecimiento del mundo,  una rápida reducción de dos tercios de la pobreza mundial en apenas cuarenta años, y aumentó la expectativa de vida y el consumo de calorías per cápita, en todos los continentes.

Con optimismo inconmensurable Francis Fukuyama concluía que habíamos llegado a “El fin de la historia”.

Pero la historia no terminó. Como suele ocurrir de manera inevitable, cuando uno llega a la cúspide empieza a bajar. No fue el fracaso sino el éxito del capitalismo lo que generó la reacción. Las generaciones empobrecidas por las guerras son las que reconstruyeron el mundo. Las generaciones enriquecidas son las que no saben sostener el rumbo. Ortega y Gasset describió este mecanismo psicológico en “La Rebelión de las masas”. En especial en el capítulo que se llama: “La época del señorito satisfecho”, donde el hombre masa es completamente consciente de sus derechos, pero ha olvidado sus obligaciones, y no comprende el coraje, energía, voluntad, optimismo, esfuerzo y perseverancia que tuvieron nuestros abuelos para lograr ese gran salto hacia adelante.

De la abundancia nacen los nuevos derechos que llevan al Estado Benefactor, pero de allí surge la necesidad de cobrar altísimos impuestos, y como nunca son suficientes, se acrecienta el déficit fiscal y el endeudamiento de casi todos los países desarrollados. Pero con alto gasto público y altísimos impuestos, lógicamente la economía crece menos, a veces casi nada, como en Japón o en algunos países Europeos. Los países nórdicos, que muchas veces son tomados como ejemplo, tenían economías pujantes hasta 1970 pero con Estados relativamente pequeños y bajos impuestos. A partir de esa década crece muy rápido el Estado de Bienestar, y el gasto público supera el 50% del PIB, hasta llegar a la crisis de Suecia en 1992 cuando su gasto público había alcanzado el 62% de toda la producción. Gracias a la crisis, Suecia redujo el gasto público y los impuestos, y hoy Francia ha reemplazado a Suecia como el país más socialista, y por eso ya casi no crece.

Cuando Suecia entró en crisis, las ideas triunfantes eran las de libre mercado, por eso la corrección del rumbo se dio en el sentido correcto. En cambio, la sociedad argentina y sus dirigentes hicieron un mal diagnóstico luego la crisis del 2001-2002 y la corrección del rumbo fue en la dirección equivocada.

Hoy la interpretación generalizada en Europa y Estados Unidos es que la mayoría de los males que aquejan a sus economías, son producto de la globalización y la inmigración. Por eso creen entonces que el proteccionismo es la solución. Así, los populismos ya no son solo latinoamericanos.

En su primer día de gestión, Donald Trump suspendió la importación de limones argentinos. Coca Cola paga más caros sus limones, los limoneros de EEUU ganan más plata. Pero en conjunto EEUU es menos eficiente y más pobre. En Argentina San Miguel se ve obligada a vender más barato en otros mercados, gana menos plata y también somos más pobres.

El proteccionismo mata la eficiencia. Si Argentina es proteccionista se perjudican los argentinos. Pero si el líder de la potencia más grande del mundo tiene ideas proteccionistas, el planeta entero corre riesgos.

Deberíamos recordar  la admonición de Federico Bastiat: “Si los bienes no cruzan las fronteras, lo harán los soldados”.  Bastiat lo dijo en el siglo XIX, pero fue fatalmente real en el siglo XX. Por supuesto, que no existen explicaciones monocausales en la complejidad de la historia. Pero está claro que las devaluaciones competitivas y el proteccionismo hicieron caer el comercio entre 50% y 66% en la década de 1930. Y ese fue un factor importante para que se fortalecieran los nacionalismos y en la década siguiente se desatara una guerra mundial en la que murieron 60 millones de personas.

Fuente: Fortunaweb

19Ene/175

Sobre el último articulo de González Fraga

Por Domingo Cavallo.

Hace pocos días, Javier González Fraga escribió en la Nación un artículo titulado "el camino es el gradualismo, con fuertes inversiones". Debe haber sonado a música en los oídos de Durán Barba y de los asesores políticos y económicos a los que Macri escucha, sobre todo por contraste con las advertencias de los economistas que, como yo, sostenemos que el gradualismo (especialmente el gradualismo en materia de ajustes de precios y tarifas de los servicios públicos, de reducción del gasto público y de la eliminación de impuestos distorsivos) es el principal freno a las inversiones. Aún hablando poco en público, todas las opiniones de Carlos Melconian reflejan esta última posición y es probable que éste haya sido el motivo de su reemplazo en el Banco de la Nación.

Cuando leí el artículo de Javier, estuve tentado a escribir un post titulado: ”el gradualismo que pregona González Fraga es el gran inhibidor de inversiones productivas”. Pero decidí no hacerlo para no repetirme respecto de post anteriores. Lo hago ahora porque, a pesar del gran aprecio personal que tengo por Javier González Fraga, me temo que su consejo a Macri tienda a hacerlo equivocar más de lo que ya se ha equivocado.

La tesis de González Fraga es que las políticas de shock, a las que él denomina “atajos”, provoca “logros” que no son sostenibles en el tiempo, ni política ni socialmente. La primera vez que le escuché esta definición creí que era una alusión al shock Duhaldista de 2002, que mediante el artificio de la pesificación forzada de la economía y la virtual expropiación de todos los depósitos en dólares de los ahorristas para financiar el desendeudamiento de los grandes deudores públicos y privados, produjo la mayor devaluación de la historia y la aparición casi milagrosa de los denominados “superávits gemelos”. Me hubiera parecido no sólo realista sino sumamente beneficioso que reconociera la insostenibilidad política y social de esos supuestos “logros” económicos,

Pero esa primera interpretación, que me parecía una suerte de arrepentimiento honesto del fuerte apoyo que le había escuchado brindar al shock duhaldista sólo unos años antes, no era la del autor. Todo lo contrario. Para él, política de shock es la que lleva a la apreciación real de la moneda, fenómeno al que denomina, en todos los casos, “atraso cambiario”. Es importante entender el verdadero significado de “atajo” en el lenguage de González Fraga para entender que si Macri presta atención a su consejo, las inversiones productivas brillarán por su ausencia.

No caben dudas que las políticas populistas, que provocan atraso cambiario, terminan en shocks que, como mínimo, tienen un efecto estanflacionario inicial y en la mayoría de nuestras experiencias anteriores, terminaron en períodos de inflación persistente, más alta que la de las décadas precedentes y, eventualmente, en hiperinflación. Este es sin duda el caso de los shocks que siguieron a la experiencia populista extrema del primer peronismo (1946-49) seguido del ajuste basado en controles y restricciones cambiarias del segundo peronismo y la “revolución libertadora” (1950-1958) y del tercer peronismo (1973-1975) seguido del Rodrigazo.

No es cierto que estos ajustes fueran hechos por gobiernos no peronistas… siempre. Perón se vio obligado a hacer un ajuste bastante severo a partir de 1950 e intentó hacerlo sin una fuerte devaluación, pero las devaluaciones irremediables se produjeron luego de la caída de Perón entre 1955 y 1958. El shock más fuerte se vivió al inicio del gobierno de Frondizi, que había llegado al poder con apoyo de Perón. La estabilización que siguió al shock de 1958, como en el caso de todas las estabilizaciones que procuran recrear condiciones de crecimiento sostenido, fue acompañado con una apreciación real de la moneda, sólo interrumpida por la crisis, más política que económica, de 1962. Fue este proceso exitoso de estabilización y desarrollo el que dió lugar a la década larga de crecimiento que va de 1960 a 1972, años en que la inflación no superó nunca el 30% anual y llegó a bajar hasta el 10% anual y la economía creció a un promedio del 3% anual.

El ajuste que siguió a las políticas populistas del tercer peronismo comenzó con el Rodrigazo que se produjo durante el gobierno peronista y cuyos efectos signaron la trayectoria económica del gobierno militar, el que, por intentar ser gradualista y evitar costos políticos y sociales, a diferencia del gobierno militar de Chile, no llegó nunca a corregir los defectos estructurales de la economía argentina. No se puede llamar ajuste al esquema de reducción de la inflación basado en la tablita cambiaria sostenida con endeudamiento, porque lejos de ser un ajuste, fue una política gradualista en la que el déficit fiscal y un gasto público, que no habían bajado, se financiaron con endeudamiento.

La experiencia posterior al Rodrigazo, desde 1975 hasta 1990 fue la de un largo período estanflacionario, con una economía crecientemente desorganizada, que terminó en la hiperinflación de 1989. Es absolutamente equivocado atribuir a algunos años de supuesto atraso cambiario (78-80 según González Fraga y 86-87 agrego yo, a pesar de que Javier lo omite) la causa de la triste experiencia del período 1975-1990 en que la inflación anual fue siempre superior al 100% y en promedio, el PBI declinó el 1,5% anual. Los problemas de la economía argentina entre 1975 y 1990 no fueron resultado de políticas populistas de los militares o de Alfonsín, sino de la ausencia de los cambios organizacionales que la economía requería y que no se instrumentaron, precisamente porque se quiso hacer “gradualismo” y evitar confrontar con los fuertes poderes corporativos que durante esos años dominaron a la economía Argentina.

El gobierno de Menem, al menos mientras yo fui su Ministro de Economía, fue la antítesis del populismo. La convertibilidad dio total libertad para las operaciones cambiarias a punto tal que se legalizó el uso del Dólar como moneda alternativa al Peso convertible. Fue ese carácter convertible del Peso y la libertad para operar en dólares lo que evitó que la estabilización de la economía produjera atraso cambiario. Con la fuerte entrada de capitales que siguió al lanzamiento de la convertibilidad y a todas las reformas económicas que la acompañaron, incluida una fortísima reducción del gasto público como porcentaje del PBI y la eliminación de casi 20 impuestos fuertemente distorsivos, si no se  hubiera admitido el bi-monetarismo, la conversión obligatoria a pesos de los miles de millones de dólares que venían del exterior o salían de los colchones, hubieran provocado una muy fuerte apreciación del peso y su consecuente atraso cambiario. La convertibilidad con tipo de cambio fijo lo evitó, porque el Banco Central estuvo dispuesto a comprar todos los dólares que se le ofrecieran a 1 peso. De no haberlo hecho, es probable que en lugar de 1 peso, el precio del dólar hubiera bajado a 0.70 o incluso a una cifra menor. Se produjo una fuerte expansión monetaria por acumulación de reservas, pero la inflación no aumentó sino que bajó rápidamente y tendió a desaparecer. La remonetización de la economía y la fuerte entrada de capitales, permitieron un inmediato aumento de la inversión y del consumo, dando lugar a un 10% de crecimiento del PBI en el primer año (1991) y del 34% acumulado entre 1991 y 1994. A esta política no se la puede denominar ni populista ni de atraso cambiario. Todo lo contrario. Fue una política de ajuste expansivo de la economía, basado en la capacidad que tuvo la convertibilidad, acompañada de las reformas económicas que le siguieron, de influir sobre las expectativas y atraer de inmediato un fuerte influjo de inversiones productivas.

Es cierto que en su etapa final el gobierno de Menem, cuando yo ya era su principal crítico, mucho más que los radicales, tuvo un período más populista,  que en realidad acompasó al populismo que nunca dejaron de hacer varios gobiernos provinciales, especialmente el de Duhalde. Fue entre 1997 y 1999 cuando aumentó el gasto público y se dispararon tanto el déficit fiscal de la Nación como el de las provincias. Fue ese el período de fuerte colocación de bonos en los mercados del exterior. El mayor error fue financiar el déficit provincial con endeudamiento con los bancos a tasas flotantes de interés, BADLAR mas 7% anual.

El Gobierno de De la Rúa heredó una situación desequilibrada y un endeudamiento peligroso que se agravó por los shocks externos que afectaron a la economía: devaluación del Real, fortaleza inédita del dólar, depreciación del Euro y precios bajísimos para la soja y demás productos de exportación. Intentó hacer un ajuste inevitable y ordenado, pero los populistas de su propio partido y los que estaban al frente de algunas provincias (tanto peronistas como radicales) lo boicotearon. Tanto a Machinea, como a López Murphy y a mí. Si no se hubiera producido el golpe institucional del 20 al 30 de diciembre de 2001, el ajuste habría estado completado para el mes de febrero del 2002, cuando se podría haber dejado flotar el Peso con déficit cero, fuerte reducción de la factura de intereses y sin vencimientos de deudas en dólares antes de tres años. La devaluación no hubiera superado el 20% y se hubiera evitado el ajuste monstruoso que implementó Duhalde. Sobre lo que este ajuste significó, está siendo muy elocuentemente explicado por  Fernando Iglesias, así que me abstengo de describirlo.

Este ajuste monstruoso era absolutamente innecesario y sólo se entiende como resultado del fortísimo lobby de los endeudados en dólares que quisieron sacarse de encima sus deudas a costa de los ahorros de los depositantes en el sistema bancario. Encontraron que el corralito les daba la excusa y podían echarle la culpa a Cavallo del robo alevoso que estaban cometiendo. Para compensar en algo la dureza del ajuste, congelaron precios y tarifas del sector público y, virtualmente, expropiaron el capital que había sido invertido en los sectores de energía e infraestructura. Por supuesto, fue el freno más fuerte a las inversiones productivas que pueda imaginarse. También introdujeron las retenciones a las exportaciones, supuestamente como medida transitoria para atenuar el efecto de la devaluación extrema sobre los precios, pero que Kirchner mantendría y acentuaría como forma de tener una herramienta para controlar a los gobiernos provinciales.

Las políticas del Kirchnerismo fueron tan o más populistas que las de los gobiernos de Perón y se prolongaron por más tiempo porque gozaron de una bonanza externa inédita. Primero funcionaron con la lógica del “tipo de cambio real alto” que le gusta a González Fraga y a Roberto Lavagna, y cuando la inflación llegó al 20% anual, como ineludiblemente iba a ocurrir a causa del deseo de mantener alto el precio del dólar, avanzaron hacia la inflación dibujada y reprimida con controles de precios, aumento de las retenciones y, finalmente, con controles de cambio. A partir de 2012, sin duda se puede hablar de atraso cambiario, y hay un indicador indiscutible de su magnitud: la brecha entre la cotización en el mercado paralelo y la cotización en el mercado oficial.

Pero mucho peor que el atraso cambiario fue el atraso tarifario que comenzó en 2002  y se mantuvo por 14 años. Fue mucho peor porque dio lugar a una paralización de inversiones productivas y a subsidios que representan un 4% del PBI y el 60% del déficit fiscal. El atraso tarifario es más serio que el atraso cambiario porque, al persistir, obliga a continuar cobrando impuestos distorsivos que constituyen un freno adicional a la inversión y deterioran la competitividad.

El mayor error que cometió Macri en el diseño de su política de estabilización fue el gradualismo en el ajuste tarifario. Tendría que haber sido gradualista en la unificación del mercado cambiario, reemplazando de inmediato el mercado paralelo por un mercado financiero y turístico libre, por el que deberían haberse dejado entrar a las inversiones, para después avanzar gradualmente hacia la unificación. Esto hubiera evitado el fuerte impacto sobre la tasa de inflación del  primer semestre de 2016 que tuvo la devaluación del Peso en el mercado comercial. La eliminación de las retenciones sí tenía que ser de golpe y debía ampliarse de inmediato con la eliminación de los impuestos más distorsivos: impuestos a las transacciones financieras, contribuciones patronales a la seguridad social e ingresos brutos provinciales en las etapas intermedias de producción. Todo esto hubiera sido posible si el gasto público se reducía inmediatamente en un 4% del PBI gracias al reajuste completo de las tarifas.

El efecto inicial sobre la inflación del ajuste tarifario completo no hubiera sido muy diferente al que produjo la inmdiata unificación cambiaria, pero la respuesta de la inversión hubiera sido inmediata. La fuerte inversión, entrando por el mercado financiero, hubiera provocado la apreciación del Peso en ese mercado y en el momento de la reunificación completa, unos pocos meses después, el salto devaluatorio hubiera sido menor al que resultó a largo de todo el año 2016, con la gran ventaja de que después de ese salto la gente podría haber esperado estabilidad cambiaria y de los precios porque ya habría desaparecido del horizonte el fantasma de los ajustes graduales de tarifas de los servicios públicos.

El haber elegido una estrategia gradualista en materia de ajuste de las tarifas públicas, que significó una demora en la contención del gasto público y del déficit fiscal, hizo imposible la eliminación temprana de los impuestos distorsivos. Esta es la causa principal de la ausencia de inversiones. Para colmo, si la estabilización iba a basarse en una política monetaria de altas tasas reales de interés, que sólo influye sobre las expectativas inflacionarias a través de la caída de la demanda y la apreciación insostenible del peso, la recesión puede demorar en revertirse. Otra causa de la demora de las inversiones.

Este error no se hubiera cometido si Macri y sus principales asesores no hubieran subestimado la gravedad de la crisis fiscal y de precios relativos que heredaron y si no hubieran identificado la crisis que enfrentaba su gobierno con la del 2001. No se puede razonar de la misma forma cuando hay que salir de una crisis deflacionaria (como la del 2001) que cuando la crisis a resolver es inflacionaria, fiscal y de precios elativos distorsionados (como la de 2015).

Por eso, me preocupa el consejo que pueda darle Javier González Fraga a Macri, consejo que seguramente no le daba ni le daría Carlos Melconián.

No es que yo crea ahora que Macri debe hacer de golpe el ajuste que debió haber hecho y no hizo al comienzo de su gobierno. Entiendo que la cercanía al proceso electoral y las complicaciones que, aún con pocos e imperfectos ajustes, enfrentó en 2016, lo lleven a no querer hacer grandes olas. Pero me preocupa que puedan no aprovechar el año electoral para que algún equipo trabaje en preparar un buen plan de estabilización y crecimiento para lanzar inmediatamente después de la elección. Pensar que los mercados internos y externos le van a seguir ofreciendo crédito en condiciones aceptables durante 2018 y 2019 es una quimera. Y las inversiones no llegarán hasta que los ajustes imprescindibles se hayan completado o, al menos, los inversores se convenzan que no quedarán como manifestaciones de deseo.

Fuente: blog del autor

5Ene/170

La opinión de Cavallo sobre la renuncia de Prat Gay

Les mando el enlace a un artículo del diario La Tercera, de Santiago de Chile, con una entrevista a Domingo Cavallo sobre la renuncia de Alfonso Prat Gay. Vale la pena

Domingo Cavallo, ex ministro de Economía de Argentina: “Es probable que Prat-Gay haya buscado ser el primus inter pares y eso le debe haber disgustado al presidente”

 

1Jun/162

La política económica y la grieta

Por Roberto Cachanosky

El desafío del PRO no es terminar con la brecha dejada por el kirchnerismo, sino con la brecha que genera este sistema económico. Hace rato que se viene hablando de la grieta, palabra que entiendo quiere significar que estamos divididos entre argentinos k y argentinos no k.

En rigor no es la primera vez que en nuestro país se produce este tipo de divisiones feroces, ya en el siglo XIX estuvo el famoso unitarios versus federales. A mitad de siglo XX Perón, con su política fascista dividió a los argentinos diciendo que unos eran pobres porque otros eran ricos. Lo que se olvidó de decir es que muchos de los nuevos ricos habían hecho plata con la corrupción de los gastos estatales. Perón dividió a la sociedad al punto de gritar desde el balcón 5×1 y vamos a distribuir “alambre de enfardar para colgar a nuestros enemigos”. Como puede verse, el hombre no se andaba con muchas vueltas. Era un “pacificador” nato.

Tampoco el Perón del 73, viejo y cansado, vino con mucho espíritu de pacificación. Desde el exilio él había contribuido a dividir a la sociedad estimulando las andanzas de los terroristas. Claro que cuando llegó a la Argentina y vio que los terroristas querían coparle el PJ buscó frenarlos. Pero los terroristas le asesinaron a su amigo Rucci y se desató el pandemónium de la violencia con la Triple A comandada por López Rega que perseguía a los terroristas y los terroristas que tiraban bombas y mataban gente por doquier. Una vez más el peronismo dividía a la sociedad con altos grados de violencia.

Ya de entrada, cuando Perón volvió al país, se produjo un enfrentamiento a los tiros en Ezeiza entre diferentes sectores del peronismo. El ala fascista contra el ala zurda. Hubo varios muertos en los bosques de Ezeiza ese día.

El kirchnerismo no hizo otra cosa que seguir con esa división de la sociedad buscando culpables imaginarios para señalarlos como los responsables de la pobreza de la gente, pobreza que en rigor era producto de las políticas populistas aplicadas por ellos que generaban un tsunami de destrucción del stock de capital produciendo desocupación, caída de la productividad, pobreza, indigencia y desocupación. Hoy se ve con toda claridad como esas políticas populistas no son otra cosa que una cortina de humo para esconder, en el caso del kirchnerismo, uno de los mayores latrocinios de la historia Argentina.

Pero desde la instauración del populismo en Argentina, con Perón a la cabeza, lo que hoy llamamos grieta, ya existía como resultado de la política económica que se viene aplicando desde hace décadas. Es una política económica que, por definición, lleva a la famosa grieta o al enfrentamiento social.

Es que se ha instaurado en Argentina una política económica por la cual un sector solo puede avanzar a costa de otro sector de la sociedad. Sectores empresariales utilizan al estado para que cierre la economía y así tener una renta extraordinaria vendiendo productos de mala calidad y a precios descomunales. Para que los dirigentes sindicales no protesten, entonces el estado establece salarios mínimos imposibles de pagar y una serie de beneficios “sociales”.

En Argentina un sector de la sociedad no logra avanzar económicamente gracias a que produce algo que beneficia a otros sectores de la sociedad, sino que logra avanzar consiguiendo que el estado les quite a otros para darme a mí. Las reglas de juego son muy claras. Yo le pido al estado que use el monopolio de la fuerza para quitarle su riqueza o su ingreso a otro sector, me lo de a mí en nombre de la justicia social y mediante una ley del Congreso para darle un aspecto legal al robo. El sector perjudicado reacciona y entonces el estado utiliza el monopolio de la fuerza para quitarle a un tercer sector y transferirle el producto del robo legalizado al sector perjudicado que me transfiere a mí. Y luego el tercer sector protesta, con lo cual el estado lo “conforma” con alguna ley social que le quita a un cuarto sector su ingreso para dárselo al tercero. En definitiva, es una lucha de todos contra todos. El conflicto social es permanente y ahí se produce la grieta social o el enfrentamiento social.

Con este esquema económico, que los argentinos venimos aplicando desde hace décadas, siempre hay enfrentamientos, recelos, conflictividad en la sociedad. Unos ganan y otros pierden y, dependiendo del momento y las circunstancias, en determinados momentos a algunos les toca perder más que a otros.

El desafío del PRO no es terminar con la brecha dejada por el kirchnerismo, sino con la brecha que genera este sistema económico que conduce al conflicto social permanente y al enfrentamiento de la sociedad. Es el sistema económico populista el que produce la brecha.

Por eso hay que pasar de este sistema populista, a la cooperación libre y voluntaria por la cual un sector solo puede mejorar si produce algo que beneficia a otros sectores de la sociedad. Mi mayor ingreso deja de depender de que el estado le robe su ingreso a otro y comienza a depender de mi capacidad para producir algo que beneficia a los demás.

La brecha no la inventaron los k. Los k ampliaron la brecha hasta llevarla niveles insoportables. Pero la brecha va a seguir existiendo mientras tengamos este sistema de robo legalizado por el cual todos quieren usar al estado para robarle a otros sectores el fruto de su trabajo en nombre de la justicia social y de las políticas estatales “solidarias”.

Fuente: Economía para todos.

1Nov/150

Los escolásticos y la inflación

Este artículo me llegó sin el nombre de su autor, pero me pareció tan claro y elocuente que decidí subirlo. Si alguien conoce a quien lo escribió, le agradeceré nos lo haga saber.

P.B.A.

Cuando el escolástico padre Juan de Mariana explicaba cinco siglos atrás los efectos de la inflación, lo hacía utilizando los elementos básicos de la teoría cuantitativa del dinero, que previamente había sido expuesta, con todo detalle, por otro notable escolástico, Martín de Azpilcueta, también llamado Doctor Navarro, nacido en Navarra en el año 1493. Azpilcueta era primo de San Francisco Javier, vivió 94 años y es especialmente famoso por explicar en 1556 la teoría cuantitativa del dinero en su libro Comentario Resolutorio de Cambios. Nada nuevo bajo el sol.

Observando los efectos que sobre los precios en España tuvo la llegada masiva de metales preciosos proveniente de América, Azpilcueta concluye que

en las tierras do hay gran falta de dinero, todas las otras cosas vendibles, y aun las manos y trabajos de los hombres se dan por menos dinero que do hay abundancia del; como por la experiencia se ve que en Francia, do hay menos dinero que en España, valen mucho menos el pan, vino, paños, manos, y trabajos. Y aun en España, al tiempo, que había menos dinero, por mucho menos se daban las cosas vendibles, las manos y trabajos de los hombres, que después que las Indias descubiertas la cubrieron de oro y plata. La causa de lo qual es que el dinero vale más donde y cuando hay falta del, que donde y quando hay abundancia.

Volviendo al padre Juan de Mariana, quizá su contribución más importante en el ámbito monetario consista en haberse dado cuenta de que la inflación no es sino un impuesto que “grava a los que tienen dinero antes de que suban los precios y que, por tanto, se ven forzados a comprar las cosas más caras”. Mariana explicaba en los inicios del siglo XVII que los efectos de la inflación no se pueden evitar mediante la fijación de precios máximos, pues la experiencia ha demostrado que este procedimiento siempre es ineficiente y muy dañino.

Además, dado que la inflación no es sino un impuesto, de acuerdo con su teoría de la tiranía sería preciso el consentimiento de los ciudadanos antes de proceder a devaluar la moneda, y aunque tal consentimiento exista, es preciso reconocer que la inflación no es sino un impuesto muy dañoso que desorganiza completamente la vida económica: “este arbitrio nuevo de la moneda de vellón, que si se hace sin acuerdo del reino es ilícito y malo, si con él, lo tengo por errado y en muchas maneras perjudicial”. ¿Cómo podría evitarse la necesidad de recurrir a la expeditiva y cómoda solución inflacionaria? Mariana propone equilibrar el presupuesto y, sobre todo, que la familia real gaste menos porque “lo moderado, gastado con orden, luce más y representa mayor majestad que lo superfluo sin él”.

En segundo lugar, Mariana propone que “el rey, nuestro señor, se acortase en sus mercedes”, o en otras palabras, que no premie de manera tan generosa los servicios reales o supuestos de sus vasallos concediéndoles pensiones vitalicias; pues “no hay en el mundo reino que tenga tantos premios públicos, encomiendas, pensiones, beneficios y oficios, que con distribuirlos bien y con orden se podría ahorrar de tocar tanto en la hacienda real o en otros arbitrios”.

Como vemos, la falta de control sobre el gasto público y la compra de favores políticos a cambio de subsidios financiados con impuestos es muy antigua. Mariana también propone que “el rey evite, excuse empresas y guerras no necesarias, que corte los miembros encancerados y que no se pueden curar”. En suma, Mariana diseña todo un programa de reducción del gasto público y de mantenimiento del presupuesto equilibrado que, incluso hoy, podría considerarse como modélico.

Es evidente que si el padre Mariana hubiera sido consciente de los procesos económicos que generan la expansión crediticia creada por el sistema bancario y de sus efectos en forma de mala inversión generalizada y distorsión de la estructura de precios relativos, habría condenado como un inmoral y dañino robo la actividad gubernamental de reducción de metal de la moneda, y si viviera hoy, la emisión de papel sin respaldo de los populistas.

Es verdadera lástima que tan pocos dirigentes de nuestros países se hayan dado cuenta de lo que en 1605 se comentaba en forma tan clara y transparente por pensadores y estudiosos, como Juan de Mariana, y que sigan impávidos frente a lo que nos afecta desde hace más de 500 años.

28Oct/151

Economía: sin mucho tiempo para andar haciendo pruebas

Con 4 años de mandato,  el nuevo presidente no tiene tiempo para andar haciendo pruebas para arreglar el descalabro económico que deja CF

Por Roberto Cachanosky.

No es la primera vez en los últimos 40 años de historia económica argentina, que un gobierno le deja a otro una flor de lío económico. Es más, el mismo gobierno peronista de 1973/1976 heredó su propio lío económico. En esos años el entonces ministro de economía José Ber Gelbard, primero ministro de Campora y luego de Perón, generó un caos de precios relativos que en 1975 intentó “resolverlo” como pudo Celestino Rodrigo, hombre insultado y denigrado pero que, en rigor, con todos sus defectos, no fue estrictamente el responsable de lo que se conoció como el rodrigazo. Lo que hizo Celestino Rodrigo fue solamente destapar la olla a presión que había dejado José Ber Gelbard. Pero el caos económico y político que había en esos años no terminó de pagarlo el peronismo porque tuvo la suerte de aparecer como víctima del golpe del 76.

El mismo Proceso tuvo sus problemas económicos internos heredados. Martínez de Hoz nunca terminó de resolver seriamente el problema fiscal y terminó utilizando la famosa tablita como freno a la inflación. La caída del tipo de cambio real de aquellos años la heredó Lorenzo Sigaut, que tampoco supo encarar la solución al problema y antes de fin de año Galtieri desplazaba a Viola de la presidencia y asumía Roberto Alemann como ministro de economía, que a poco de asumir tuvo que lidiar con la guerra de Malvinas y luego vino el desbande del Proceso que, a las apuradas, tuvo que llamar a elecciones.

Alfonsín la pifió de entrada en su plan económico con Grinspun, tuvo un éxito muy transitorio con el plan austral y luego naufragó hacia la hiperinflación con el plan primavera.

Menem no embocó de entrada con el plan económico de Bunge y Born. Tampoco Erman González solucionó el problema inflacionario y Cavallo logró domar el potro inflacionario recién en abril de 1991 con la convertibilidad, que en rigor fue una regla monetaria.

De la Rúa desaprovechó dos grandes oportunidades para poder enfrentar los problemas económicos heredados. La primera oportunidad fue cuando nombra como ministro de Economía a Machinea acompañado por Miguel Bein y Pablo Gerchunoff. Los tres heterodoxos y con tendencia hacia la izquierda solo atinaron a impulsar un impuestazo sin tocar el gasto público. Cuando ya no pudieron sostener más las condiciones fiscales se fueron y llegó Ricardo López Murphy. Esta fue la segunda oportunidad que perdió De la Rúa al no apoyar la baja del gasto público que propuso RLM. Ceder ante las presiones de los “progres” y populistas terminó costándole la presidencia y dio lugar al posterior destrozo que hizo Duhalde saliendo con una enorme torpeza de la convertibilidad.

Lo del kirchnerismo es historia conocida. Se encontró con la devaluación y la pesificación ya hecha. Sin tener que pagar la deuda pública porque estaba en default, con precios de las commodities subiendo y con un stock de capital heredado de la década del 90 que le permitió estimular el consumo en forma artificial consumiéndose toda la infraestructura productiva se vivió una “recuperación” con pies de barro desaprovechándose una oportunidad histórica para recuperar Argentina de largos años de decadencia.

Le deja el kirchnerismo al próximo gobierno un tipo de cambio real totalmente retrasado artificialmente, un enorme gasto público, fenomenal presión impositiva y, encima, con déficit fiscal. Tarifas de los servicios públicos muy atrasadas, el BCRA vaciado, pobreza, indigencia y desocupación por citar algunos de los problemas más acuciantes.

Mi visión es que el próximo gobierno no tiene mucho margen para equivocarse. Tanto Alfonsín como Menem comenzaron sus períodos presidenciales que duraban 6 años. Ese período les daba más tiempo para cometer errores y luego tratar de rectificar. Alfonsín estuvo dando vueltas con Grinspun desde diciembre de 1983 hasta principios de 1985 cuando lo nombró a Sourrouille que recién a mediados de 1985 lanza el plan austral que, por no corregir el problema fiscal, terminó fracasando. Alfonsín perdió un año y medio hasta que logró establecer un plan económico que generó cierta credibilidad. Pero pudo darse ese lujo porque su mandato no duraba 4 años como ahora. Duraba 6 años.

Menem también demoró casi dos años hasta que dominó la inflación. Ese tiempo era 1/3 de su mandato presidencial. Pero De la Rúa en 2 años no consiguió dominar la economía y se le fue el 50% de su mandato. Es cierto que entre radicales y peronistas se encargaron de hacerle la vida imposible, algo que no hubiese ocurrido si de entrada lograba poner orden económico. Con la economía bajo control le iba a resultar más difícil a peronistas y radicales moverle el piso como se lo movieron.

Deliberadamente CF le deja el campo minado al próximo gobierno. Como solo le importa su persona, dudo que antes del 10 de diciembre se encargue de solucionar uno o varios problemas económicos para aliviarle costo político al próximo gobierno. Esto quiere decir que el que viene no tendrá margen de tiempo para estar ensayando propuestas como hicieron Alfonsín y Menem porque le insumiría quizás la mitad de su mandato y estaría perdiendo en las elecciones de medio término en 2017. Lo máximo que puede intentar el próximo presidente es tener dos equipos económicos. Uno para hacer rápidamente el trabajo sucio de corregir los precios relativos y un segundo que tendría como función reemplazar al primero estableciendo un plan económico de largo plazo que genere confianza y sin tener que lidiar con el costo político de corregir los precios relativos. Esta sería la propuesta de mínima.

La de máxima consistiría en tener en equipo económico de prestigio. Con gente con trayectoria y que genere confianza, con un plan económico consistente para amortiguar los efectos más duros de corregir los precios relativos. Si va por esta segunda alternativa, en 6 meses máximo tiene la economía funcionando a pleno, lo cual le permitiría al próximo presidente consolidar su posición política. Con la economía bajo control rápidamente, la gobernabilidad es más fácil de conseguir. Los intentos de desestabilización solo prosperan cuando la economía naufraga. Es decir, cuando los bolsillos de la gente están vacíos.

El campo minado que deja CF es muy extenso y requiere de gente con mucha capacidad, prestigio y audacia para poder desactivarlo. Se puede lograr, pero el próximo presidente no tendrá tiempo para estar ensayando recetas heterodoxas que de antemano sabemos que fracasarán. Si tiene decisión y audacia, desactiva el campo minado. Si toma el camino del miedo, gana CF porque las minas irán explotando en cadena.

Fuente:

8Jul/150

El desorden fiscal no se arregla con gradulismo ni shock

Uno de los más recónditos secretos –mantenido por quienes buscan ser elegidos en octubre próximo- consiste en eludir la mención de la palabra “ajuste”, fingiendo oponerse al mismo y proclamando su apoyo al “gradualismo” en contra del ”shock”.

Esos aprendices de brujo quieren dar a entender que el “gradualismo” es bueno y el “shock” es malo. Pero en el fondo reconocen que hay cuestiones fundamentales que corregir y arreglar. Sin embargo, este planteo entre “shock” y “gradualismo” es una falsa opción, sumamente peligrosa para nosotros, el pueblo. Porque los que trabajan, ahorran, invierten y pagan impuestos, están sosteniendo a Gobiernos que los esquilman y necesitan imperiosamente, que la pesadilla termine sin causar más daño.

MAYORES DÉFICITS DE LA HISTORIA ARGENTINA

La política económica de Kicillof, calificado por Cristina como “mi asistente”, ha sido un total disparate basado en la ilusión que provoca la emisión desaforada de dinero, un sideral Gasto público, un pueril estímulo al consumo en 12 cuotas, el aislamiento del resto del mundo y la superchería de creer que puede seguirse consumiendo el capital sin ahorrar, ni invertir, ni comerciar con el mundo.

El déficit consolidado que provoca esta política es uno de los más altos en los últimos cien años de historia argentina y se aproxima peligrosamente a la híper de Alfonsín en 1989. Al cambio oficial, hoy nuestro déficit consolidado es de u$s 49.478 mill. y el PBI es u$s 603.390 mill. De allí resulta el 8,2%. Esa constatación permitió a José Luis Espert definirlo como un “tsunami fiscal” en formación.

El mayor déficit corresponde a Isabelita-Gelbard & Celestino Rodrigo: 12% en 1975. Luego, en 1981, a la tablita de Videla-Martínez de Hoz & Sigaut con el 10%. Por último, la hiper de Alfonsín-Pugliese & Jesús Rodríguez: 9 %. Ahora estamos en 8,2 %,.

DESORDEN EN LAS CUENTAS Y EL EMPLEO

En un reciente artículo examinamos la situación económica que, a través de las cuentas del Bº Central, presentaba verdaderos “Planes de riego en medio del diluvio”. Habíamos calculado que el crecimiento anual de la emisión de dinero (junio 2014/15) era del 46,5%, mientras que la irracional política de crear dinero ex-nihilo para el Estado y luego esterilizarlo con emisión de Lebac, provocaba el pago anual de intereses a bancos comerciales por u$s 9.276,8 millones.

Esa utilidad, casi obscena, representa una regresiva distribución de renta desde las personas humildes y de clase media hacia las opulentas entidades bancarias, las cuales acordaron en la última paritaria nacional, repartir parte de esta fácil ganancia con un “bonus” a sus empleados.

El desorden fiscal se traduce en dos áreas: a) en la adulteración de prioridades del Gasto Público y su financiamiento; b) en la distorsión de la ocupación laboral promovida por el despilfarro en las cuentas públicas.

FINANZAS DEGRADADAS

Partiendo de los propios datos oficiales, el economista Espert ha puesto en relieve la desvirtuación de prioridades en el Gasto público, porque en lugar de la austeridad otorgan primacía al derroche, la suntuosidad y el antojo del gobernante. Sueldos para 3,6 millones de empleados públicos ocupados en tareas improductivas. Jubilaciones a 6,5 millones de personas muchas de las cuales no aportaron nada en su vida. Subsidios extravagantes a Enarsa, Aerolíneas, Libre.AR y empresas estatizadas como Ciccone calcográfica. Compras de trenes y vagones sin arreglar las vías por donde deben transitar, Represas patagónicas de poca prioridad. Blindados chinos para un ejército desarmado. Gastos suntuarios en Fútbol para todos. Uso dispendioso de aviones y helicópteros presidenciales. Millonaria propaganda oficial. Destrucción de la estatua centenaria de Colón. Reemplazo por la escultura de una valiente miliciana boliviana que luchó bajo órdenes del general Belgrano. Sustitución de las efemérides patrias por mitines partidarios. Masivos y onerosos traslados de militantes a los actos políticos. Sideral importación de gas y combustibles por bloqueo de la producción nacional. Todo esto y mucho más cuesta anualmente al pueblo argentino la extravagante cifra de 2,35 billones de pesos (dos seguido de doce ceros)

Su financiamiento se hace mediante desalentadoras retenciones a la exportación e impuestos nacionales, provinciales y municipales, cargas laborales, emisión espuria de papel moneda, costosas Lebac emitidas para esterilizar el dinero creado de la nada, mayor deuda interna y dadivosos bonos en divisas para cancelar deudas con Club de París, indemnizar a Repsol y cancelar juicios perdidos en el Ciadi. El desorden fiscal representa una apropiación media de $ 22.104 por familia y por mes, casi 2,5 veces el salario medio de bolsillo acordado en las últimas paritarias nacionales.

DEFORMACIÓN DE LA ESTRUCTURA OCUPACIONAL

Al mes de junio de 2015, como consecuencia de la política intervencionista reflejada en las Cuentas Fiscales, se ha producido una gran distorsión en la estructura ocupacional. El Estado ha querido hacer de todo y ha creado una economía burocrática a su imagen y semejanza. Hoy tenemos 13,9 millones de rentistas que cobran dinero del Estado como empleados públicos, jubilados y beneficiarios de planes o subsidios. Enfrente hay 9,2 millones de trabajadores en blanco e irregulares que son quienes producen los bienes y servicios que los otros usufructúan.

Por cada trabajador que trabaja en blanco tenemos 3,3 personas que cobran sueldos y planes. En USA, Europa, Japón y el Asia Pacífico la proporción es de 1,18 individuos por trabajador.

¿Cuánto tiempo más podrá durar esta distorsión laboral?

¿COMO SE HACE EL AJUSTE?

Lo estamos viendo delante de nuestros ojos. En Grecia existen dos alternativas para corregir el desorden fiscal y ocupacional: ajusta el Estado o ajusta la Sociedad.

El ajuste convencional, requerido por el FMI consiste en salvar al Estado a costa del sector privado y se basa en este paquete de medidas: a) fuerte devaluación, b) tarifazo en servicios públicos, d) impuestazo a empresas y familias, e) congelamiento salarial y de pensiones, f) bloqueo y desvirtuación de contratos privados, g) paralización de la obra pública, h) pago prioritario de la deuda.

Según la gravedad de la situación, se dispone un “shock” (descarga de golpe) o “gradualmente”. Pero la suma de efectos impactos e inducidos son lo mismo.

 

SANEAMIENTO FINANCIERO EN LUGAR DE GRADUALISMO

Para superar el debate entre ajuste por “shock” o “gradualismo”, hay que tener ideas claras y bien definidas. Decidirse a emprender de una buena vez el saneamiento financiero y económico, con un conjunto de medidas racionalmente estructuradas que cubran la totalidad de nuestros actuales problemas económicos. La técnica de saneamiento fue científicamente elaborada por Jacques Rueff & Louis Armand [Sortir de l'impasse budgétaire sans augmenter les impôts] y aplicada valientemente por el Gral. Charles De Gaulle cuando Francia decidió en 1958 sanear su economía y crear la V República actualmente vigente.

 

Obrando con un Plan de medidas globales y simultáneas que entran en vigencia inmediata o diferida, es posible obtener un “gradualismo de resultados” en lugar de un “gradualismo de medidas”.

 

El Plan de Saneamiento no sólo debe considerar medidas coyunturales, como: resolver el cepo cambiario y las retenciones agrícolas, sino también la reforma de la estructura económica, para que a mediano plazo desaparezcan rigideces, bloqueos, trabas, esclerosis e interferencias estatales. Porque son estas cuestiones estructurales las que neutralizan y anulan los resultados del shock. La revisión de estructuras debe comenzar ineludiblemente por la reforma integral de la Administración pública con el fin de aliviar gastos, reducir impuestos, aumentar la eficacia del Estado y simplificar la vida de la gente, sin crearle más complicaciones.

 

El programa de medidas interrelacionadas y completas debe ser la base de una PNS Política Nacional de Saneamiento financiero-económico, para recuperar la iniciativa privada, el gusto por trabajar, la pasión por crear y el respeto riguroso de los derechos y deberes individuales. Esta opción supera la discusión entre shock y gradualismo y sus pasos son expuestos en el siguiente cuadro

 

UN PLAN SOCIALMENTE BENEFICIOSO

El plan de medidas globales y simultáneas debiera ser dictado en los primeros 100 días de gestión del nuevo gobierno y a partir de diciembre de 2015. Tendría que atender imprescindiblemente a estas cuestiones:

 

  • a) Suprimir la inflación por la vía del ahorro, dejando de incitar políticamente el consumo.
  • b) Cortar el círculo vicioso de que “hay inflación porque no hay ahorros monetarios; y nadie ahorra en pesos porque la inflación se los devora”.
  • c) Ofrecer una moneda sana mediante el sistema de monedas de libre uso, mercado de cambios libres en las Bolsas de Comercio y prohibición al Bº Central de vender divisas a importadores o apropiarse de las divisas de exportación.
  • d) Garantizar que los dólares son de quienes producen y exportan y no del Estado.
  • e) Crear certezas de que el gasto público no sobrepasará el monto de la recaudación de impuestos más el ahorro interno.
  • f) Mostrar el firme propósito de anular gastos públicos suntuarios, inútiles, estériles y prescindibles, sean gastos corrientes o inversiones en obras públicas.
  • g) Establecer ministerios, organizados por funciones y no por propósitos, eliminando secretarías, subsecretarías, direcciones generales, direcciones de asuntos jurídicos y gabinetes de asesores. Suprimir el presupuesto de todos los organismos superfluos.
  • h) Cerrar el robinete de la inflación para impedir su recrudecimiento, lo cual implica: establecer convenios colectivos por empresa, aumentos salariales por productividad y no por decreto, rebajar aranceles aduaneros (sin dumping) para permitir la competencia externa, reducir a favor del trabajador los impuestos laborales hasta que el salario nominal sea igual al de bolsillo y permitir la capitalización de empresas de servicios públicos derogando impuestos específicos.
  • i) Favorecer la repatriación de divisas resguardadas fuera del sistema, derogando el régimen de la renta universal, los impuestos a cheques y bienes personales y eliminando cláusulas discriminatorias de lavado de dinero.
  • j) Permitir la emisión de deuda pública sólo para financiar proyectos de inversiones inelásticos y necesarios con garantía de rentabilidad real y en condiciones técnicas documentadas y certificadas por consultoras independientes de la política.
  • k) Evitar la recesión, estimulando el aumento de la demanda global no por el lado del consumo sino haciendo que la inversión permita alcanzar el nivel de la oferta global.
  • l) En caso de que el atesoramiento en divisas no se invierta, habrá que crear programas públicos ofreciendo proyectos rentables para que ellas puedan ser socialmente usadas. Por ejemplo: modernización y mejoramiento urbanístico de ciudades, plan de grandes acueductos y cloacas domiciliarias, proyectos de erradicación de chabolas y villas miserias, plan Laura de autopistas inteligentes autofinanciables, recuperación del sistema ferroviario de alta velocidad para cargas y pasajeros, instalación de plantas de tratamiento de residuos domiciliarios, igualación de las condiciones accionarias y jurídicas de las empresas del Estado con las sociedades privadas comerciales.
  • m) Reforma, integral del sistema impositivo, derogando impuestos distorsivos, acabar con la doble imposición, eliminar todas las retenciones a la exportación, simplificar requisitos legales y administrativos, reducir el sistema a dos impuestos básicos con idéntica alícuota: a personas físicas y a sociedades, ajustar los mínimos exentos, definir la coparticipación por número de habitantes censados, unificar la recaudación en una sola administración federal con un Directorio profesionalizado y no-político, establecer la cláusula del contribuyente más favorecido para que cualquiera pueda requerir idéntico tratamiento impositivo que aquellos que logran privilegios, ventajas o reducciones tributarias.
  • Fuente: Notiar.com