A Decir Verdad Espacio de reflexión histórica y política

16Jul/172

El comportamiento irresponsable de la izquierda en el conflicto de Pepsico

Por Maximiliano Bauk

El día 13 de julio se desalojó la planta de PepsiCo en Vicente López de la mano de la policía de la provincia de Buenos Aires, por encontrarse usurpada por un minúsculo número de ex empleados, alrededor de un 12% del total, que exigía la reapertura de una fábrica que no era de su propiedad.

Dos mundos totalmente diferentes fueron visibles este día: el de las instituciones y el de la ley de la selva. Según el primero, la ley debe respetarse independientemente de nuestros gustos o nuestras conveniencias; ante un conflicto, los desacuerdos se resolverán en la Justicia teniendo en cuenta este marco de legalidad. Bajo la lógica del segundo, la ley se respeta o no teniendo en cuenta si el viento sopla a favor o en contra; a partir de allí, el marco legal será utilizado como argumento o bien se convertirá en un simple listado de sugerencias que bien puede ser ignorado.

Vayamos a los hechos. La planta cerrada era propiedad privada, por lo que las causas de su cierre no interesan siempre y cuando cumplan con la ley. Así, de los 535 empleados, 154 aceptaron ser relocalizados en las plantas de Mar del Plata y en el área administrativa en la Ciudad de Buenos Aires, 312 aceptaron indemnizaciones que según el Ministerio de Trabajo son del doble de lo prescrito por la ley del contrato de trabajo y oscilarían entre los 600 mil y los 3 millones de pesos. Quedan al final unos 69 empleados que optaron por usurpar la propiedad ajena, que es un delito.

Ante esto y sumado a la orden judicial que dispuso el desalojo inmediato de la fábrica obstruida, la policía acudió para cumplir con su labor, que se complicó debido a la violencia de los infractores que dejaron como consecuencia a unos quince policías heridos, entre ellos, a una mujer con una fractura expuesta. Pero los manifestantes no eran sólo algunos ex empleados, sino que se encontraban acompañados por políticos de izquierda, de los mismos que sin haber creado un empleo jamás en su vida exigen un salario mínimo de 25 mil pesos y una jornada laboral de 6 horas máximo, quienes paradójicamente se postulan a legisladores aunque no se entiende con qué finalidad lo hacen, teniendo en cuenta que las leyes que potencialmente puedan crear serán dejadas de lado por personajes que, como ellos mismos en esta ocasión, ven en el conflicto una mera oportunidad para brillar. Qué sentido tiene ser el creador de algo que ni uno mismo respeta.

Vayamos un poco más lejos y supongamos que la orden judicial o el derecho de fondo eran injustos. ¿Acaso eso amerita la violencia? No, ante ello existen diferentes mecanismos para solucionar el conflicto, de lo contrario, ¿cuál es el límite?, ¿la guerra civil?

"¡No compren productos de PepsiCo!" gritan ahora los frustrados políticos oportunistas de las desgracias ajenas. Claro, de todas maneras las miles de personas que viven de esta empresa y que quedarían en la calle si su pedido fuera escuchado no serán más que una nueva herramienta de propaganda.

La izquierda dice luchar por los que menos tienen pero, al mismo tiempo, sus propios diputados alientan a quebrar las normas, que son las reglas del juego dentro de las cuales los que realmente ponen lo suyo en juego, su dinero, saben que serán respetados. Sin obediencia a las normas no hay confianza, sin confianza no hay inversiones, sin inversiones no hay generación de empleo y sin generación de empleo nunca terminaremos con la pobreza que padece casi un tercio de los argentinos, así de simple.

Por primera vez en décadas conseguimos un gobierno que como mínimo haga respetar las leyes sin importar los votos que pueda perder al hacerlo. Personalmente, aplaudo esta actitud y les propongo a los legisladores a los que no les guste que presenten un proyecto al respecto, ese sí es su deber.

Fuente: Infobae

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Comentarios (2)
  1. Comparto en un todo. Por supuesto, detrás de estos pobres estúpidos con palos y cara tapada, están los de siempre.Los que encuentran en la política, una veta de crecimiento socio económico agitando banderas rojas y minorías violentas. Luego…ya sabemos…”Comunistas hasta que enriquecen, feministas hasta que se casan y ateos hasta que empieza a caer el avión”. Ahora bien, por ahora tenemos un marco legal que protege medianamente nuestros principios. ¿Dejaremos que se introduzcan en los parlamentos, con todo lo que eso significa? Allí esta el verdadero peligro. Nadie puede hoy pecar por mal informado.

  2. La conocida como “izquierda” es una ideología obsoleta y fracasada. Su paradigmas cayeron (vg.: URSS) o están en sus últimos estertores (vg.: régimen cubano). Es por eso que sus acólitos, no pudiendo exhibir ya nada, se embarcan en conflictos ajenos con el solo objetivo de marcar su minúscula presencia y enarbolar la violencia y el desafío a la ley como metodología. Hoy la izquierda es anarquista.-
    Lamentablemente, su capacidad de daño no es menor y afecta al país entero, ahuyentando las inversiones que tanto se necesitan. Por caso, en Córdoba lograron impedir la radicación de Monsanto con su planta de semillas en Malvinas Argentinas, y abortaron ab initio una inversión similar de Syngenta, proyectada en proximidades de la ciudad de Villa María.-
    En el caso Monsanto, defeccionó lamentablemente la Justicia. El Fiscal a cargo incumplió su deber liminar de hacer cesar el delito flagrante que cometían los personajes foráneos que mantuvieron durante meses el “acampe”, y que a la postre lograron el objetivo de imponer “su” ley, so pretexto de “preservar la paz social”.-
    Las mentadas inversiones jamás recalarán en la Argentina mientras el Estado, a través de sus distintos poderes, no les garantice que sus derechos no serán avasallados por estos grupúsculos anarquistas.-


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