A Decir Verdad Espacio de reflexión histórica y política

12Nov/170

Julio tiene mucho para decir

Por Edgardo Moreno

La investigación de la corrupción es incipiente. Acaso también los jueces temen las cosas que julio pueda contar. Aunque ahora ya sea un simple meme, esa estrella fugaz que la urgencia mediática bautizó en estos días como “la cheta de Nordelta” es una cirujana plástica que no conoce a Richard Dawkins.

Dawkins es un teórico de la Universidad de Oxford que hace más de cuatro décadas inventó la palabra meme. Es un neologismo para identificar la unidad mínima de información cultural.

Es como el gen para la biología. Una información memorable en el más breve formato.

Pero lo que es memorable depende de las audiencias.Para la sociología de barricada que azotó al país en los últimos años, la breve historia de Cinthia Solange Dhers, la cirujana en cuestión, es una tomografía de los prejuicios de clase que animan a buena parte del país. Para la política del país real, en cambio, el recuerdo que hizo historia fue el de Alessandra Minnicelli, la esposa de Julio De Vido.

Minnicelli se acordó con amargura de la frase con que Cristina Kirchner se lavó las manos evitando ponerlas en el fuego por su exministro. Puede pensarse que es sólo un despecho más. El problema es que agregó una advertencia: Julio tiene mucho para contar.

Ante la amenaza de esa información memorable, de una secuencia de breves historias que develen la trama de un país más oscuro que la piscina de Nordelta, a Minnicelli le comenzaron a llegar pedidos de visita que incluyen a la primera línea del peronismo preocupado con su rencor. Una delación desesperada sería la estética moral y visual menos favorable.

Quienes fueron los dueños del poder en el pasado reciente se cruzan entre sí miradas recelosas por la intensa presión social que despertó a los jueces federales de su molicie.

El camino de investigación y castigo de los hechos de corrupción perpetrados es, sin embargo, incipiente. Acaso porque también muchos jueces y fiscales tienen sus temores personales sobre las cosas que Julio pueda contar.

Legisladores de Córdoba han señalado el contraste con lo que ocurre en Brasil, donde ya se dictaron 177 condenas tras el estallido del caso Lava Jato.

La presión por la transparencia de los asuntos públicos es un signo de los tiempos actuales.

Xi Jinping, el hombre más poderoso de China, ha conseguido en el último congreso del Partido Comunista que su doctrina sea elevada a los altares donde reposa el legado de Mao Tsé Tung.

Ha llegado hasta allí un lustro después de prometer una limpieza a fondo de la gigantesca burocracia china. Xi Jinping anticipó que pisaría las cabezas de los tigres y de las moscas. De los grandes funcionarios que se corrompieron con el vuelco al capitalismo. Y también de los más pequeños.

Más del uno por ciento de los miembros del PC Chino han sido sancionados desde entonces: más de un millón de funcionarios.

Zhou Yongkang es el dirigente más notorio que terminó en prisión. Integraba la mesa chica del Partido Comunista. Dirigió la compañía de petróleo y gas más importante. Fue el ministro de seguridad durante los Juegos Olímpicos de 2008.

El corresponsal español en Beijing, Javier Borrás, lo explica de este modo: “Durante varias décadas, la legitimidad del poder autoritario en China estuvo ligada al crecimiento económico. La mentalidad imperante era mirar a otro lado si, gracias a eso, todo el mundo se hacía un poco más rico. Ahora, cuando la economía ya no crece tanto, los dirigentes chinos deben justificar su presencia en base a un virtuosismo que los sitúe como los mejores preparados para dirigir el país”.

Xi sabe que tanto la corrupción como el estancamiento económico fueron factores muy importantes en la caída de la Unión Soviética. Su campaña pretende demostrar que se puede ser efectivo contra la corrupción sin necesidad de un liberalismo político”.

Huelga aclarar que China no es una democracia. No hubo sólo una vasta lucha contra la corrupción, sino una gigantesca purga política de los dirigentes que en el futuro podrían amenazar al poder actual. Ese es curiosamente el argumento que utiliza en Argentina el sector político sobre el cual llueven las denuncias de corrupción.

Todos los casos, desde Milagro Sala hasta Amado Boudou, son purga política. Todos los políticos presos son denominados presos políticos. Aunque las pruebas de sus delitos comunes estén a la vista.

Ante esa falacia, el país debe afirmarse en el principio inverso al del comunismo chino. Demostrar que el liberalismo político es posible, mientras se es efectivo combatiendo la corrupción.

Fuente: La Voz del Interior

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