A Decir Verdad Espacio de reflexión histórica y política

3Sep/171

¿La hora de “Centralia”?

Por Adrián Simioni

Hace años, un viejo amigo profetizaba, en broma, el surgimiento de una región que, según él, conformaría un polo político y lideraría la Argentina: la llamaba “Centralia”. Y se extendía, en su delirio, desde Mendoza hasta Entre Ríos, pasando por San Luis, La Pampa, el interior de la provincia de Buenos Aires –excluía el Área Metropolitana de Buenos Aires (Amba), formada por el conurbano bonaerense más la Capital Federal–, Córdoba, Santa Fe y Entre Ríos.

Fue grande la sorpresa, el domingo de las elecciones primarias abiertas, simultáneas y obligatorias (Paso), observar que aproximadamente ese mapa se pintaba de amarillo, calcando las divagaciones febriles de mi amigo.

Consideremos los ocho distritos (Mendoza, San Luis, La Pampa, Córdoba, Santa Fe, Entre Ríos, Capital Federal y Buenos Aires) restándoles el conurbano bonaerense (los 43 partidos de las Primera y Tercera Sección electoral bonaerense, donde vive el 26 por ciento de los votantes de todo el país y donde el cristinismo ganó con holgura por el cinco por ciento de los sufragios). En esa área, Cambiemos obtuvo el 43,6 por ciento de los votos, contra el 18 por ciento del cristinismo. Los partidos provinciales, peronistas o no, más o menos antikirchneristas, reunieron 28 por ciento. Las distintas variantes de partidos de izquierda obtuvieron 10,4 por ciento.

Los números muestran la consolidación de la misma geografía política que en 2015 eligió presidente a Mauricio Macri, el primero que no es radical, peronista o militar en más de 100 años. En términos generales y con excepciones puntuales, es el área del país pagadora neta de impuestos (paga más que los recursos fiscales que se vuelcan en ella), donde prevalece la actividad privada (hay más empleo privado que público) y la economía tiene niveles de productividad con chances de competir en el mundo. Y es la primera vez que una mayoría política basada en esa zona sostiene un gobierno que hizo y hace campaña con un libreto no populista.

Lo usual, en Argentina, habían sido hasta ahora gobiernos basados en el control férreo del presupuesto nacional y la predominancia electoral en un conurbano superpoblado y en las provincias más periféricas, sobrerrepresentadas políticamente en ambas cámaras del Congreso. El kirchnerismo fue, tal vez –con su base electoral de burocracias estatales, sectores subsidiados y economías protegidas–, el mayor ejemplo. Su quiebre simbólico con los sectores productivos menos dependientes de protecciones o subvenciones fue el conflicto con el campo, en 2008.

¿Este es un cambio estructural? ¿Hay un bloque de poder nuevo que llegó para quedarse? ¿Es el fin de la alianza populista basada en el Estado?

Héctor Schamis, politólogo argentino, profesor en la Universidad de Georgetown (Washington, Estados Unidos) y columnista en El País, cree que sí. De hecho, considera que si Cambiemos se institucionaliza y se reproduce en el tiempo, puede derivar “en una experiencia como la Concertación y la Nueva Mayoría chilenas” y ser el vehículo que represente 
esa vía.

En un país urbano, la clase media ilustrada, moderada, con aspiraciones materiales y no materiales, vio en Cambiemos la oportunidad de derrotar la perpetuación (del peronismo), la revalorización de los espacios de autonomía social y el triunfo de una cierta sensatez en la política”, dice.

Marcelo Capello es presidente del Ieral de Fundación Mediterránea, el primer think tank que pensó centralmente la posibilidad de industrias sin pulmotores estatales y fuera del conurbano bonaerense. Y él lo sintetiza así: “Cambiemos ganó en provincias y ciudades más modernas y productivas, con una clase media más amplia y más ligada al sector privado. Son economías más formales que sufrieron más la suba de la presión tributaria del período K, en especial de los derechos de exportación y del Impuesto a las Ganancias, en muchos casos con gobiernos provinciales no alineados a las administraciones K, que por ende recibieron pocos beneficios del lado del gasto público. Con mayor dependencia del sector privado, confían en que la economía de Macri, con más énfasis en la inversión y las exportaciones, finalmente dará sus frutos”.

El populismo pareció agotar la capacidad de “Centralia” de financiar sus utopías.

El futuro llegó

Pongamos por ejemplo la sustitución de importaciones, el vivir con lo nuestro y el financiamiento del mercado interno con los excedentes exportables del agro. Eso funcionó, por unos años, en un mercado local con bajas aspiraciones de consumo, cuando las fronteras existían y donde encarecer la importación de algo obligaba a producirlo casi por completo en forma local. Años ’50. Hoy somos cientos de miles los que queremos viajar al exterior, importamos zapatillas chinas por correo para evadir la protección a industrias vetustas y sin escala y compramos 800 mil autos al año cuya producción exige importar más de la mitad de sus piezas. El agro y dos o tres sectores más no pueden conseguir ellos solos tantos dólares para tanto.

Otro ejemplo es el fiscal: para una economía privada en general sin crédito, ahogada en impuestos y sin inversión, ha sido cada vez más difícil sostener poderes políticos acostumbrados a recrearse sobre la base de un gasto público en constante expansión y altamente improductivo.

En definitiva, las ensoñaciones históricas del populismo nacionalista son cada vez más difíciles de cumplir.

En esa línea, Diego Dequino, director del instituto de economía de la Bolsa de Comercio de Córdoba, considera que “el kirchnerismo rompió un pacto con el país productivo; fue en 2008, en el conflicto con el campo”.

Ninguneó a la Argentina que puede agregar valor, la que todavía cree que puede ser una tierra de promesa y de futuro: con récord de impuestos, con tipo de cambio sobrevaluado, con un desprecio por la infraestructura”, sostiene.

Y agrega: “El crédito hipotecario, renacido con algo como las UVA, es un ejemplo de pacto de futuro posible”.

Nicolás Isola, radicado en Brasil, doctor en Ciencias Sociales y columnista en La Nación y en Folha , toma distancia del “conflicto por la 125” como factor explicativo de sucesos de hoy.

La 125 sembró el comienzo de un aglutinamiento opositor”, dice. Pero pone el acento en la incapacidad del kirchnerismo de adaptarse al requerimiento social de un nuevo tipo de liderazgo. “Generó un cansancio político, discursivo, un agotamiento social, un marco de agresiones de violencia discursiva; la gente no soportó más, por ejemplo, que le dijeran en la cara que cosas que ella experimentaba no eran reales”.

¿Llegó la hora de Centralia? Es difícil pensar que dos votaciones seguidas reestructuren en una nueva alianza política a sectores sociales, económicos y geográficos. Sobre todo en un país cuyo registro de crisis dantescas desautoriza todas las ingenuidades. Pero vale estar atentos. La historia podría estar sucediendo.

Para terminar: el delirio de mi amigo delirante no concluía ahí. Alguien le hizo notar que si su flamante región se llamaba “Centralia”, la mitad de los rosarinos se negaría de plano a formar parte de ella. Mi amigo encontró una solución rápida: “Le ponemos New Centralia y todos contentos”.

Fuente: La Voz del Interior

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Comentarios (1)
  1. El interesante artículo de Simioni, comienza con “Centralia” y finaliza con el mismo término. Un nombre de fantasía, que para mí, implica una peligrosa caracterización, atento a que se le otorga un ámbito geográfico dentro de la superficie de nuestro país. Bien que este concepto surge de observaciones sobre la geoeconomía, despiertan en mí, un llamado de atención y quiero compartirlo. Mahatma Ghandi supo decir y ésto lo saben muchos: “Cuida tus pensamientos, porque se convertirán en palabras, cuida tus palabras porque se convertirán en tus actos, cuida tus actos porque se convertirán en tus hábitos, cuida tus hábitos porque se convertirán en tu destino.” Distinguir una zona de Argentina, pintar una región, lo hemos hecho en nuestra vida estudiantil, marcando particularidades naturales, pero cuando esto se hace, marcando diferencias socio económicas, debemos prestar atención. No son señalamientos superficiales, sino que tienen trascendencia y pueden despertar resentimientos sociales y políticos de larga data. En Europa y a veces por capricho de sus príncipes, o líderes, o agitando aspectos religiosos, se han desmembrado naciones enteras. ¿ Como no temer que por justas reivindicaciones, a costo de la unidad nacional se pueda llegar a un no querido desmembramiento? El sentido común del colectivo nacional, puede mirarme con sorna y achacarme paranoia política, no obstante en una nación desarticulada ideológicamente como la nuestra, solo falta un caudillo, para que vea en esto, una buena ocasión para enarbolar otra vez banderas de federalismo. La humanidad está travesando momentos muy difíciles con pronóstico incierto. Argentina parece indemne y alejada de muchos problemas, pero esto, solo porque algunas potencias tienen la actual preocupación de mirarse entre ellas. Pero estamos en su agenda. Cuando cayó Perón, Churchill dijo que, que era una tan buena noticia, como la finalización de la Segunda Guerra Mundial. ¿Puede creerse?. El desarrollo del avión Pulqui, los tenía preocupados. ¡ Vaya que si estamos en la mira ! Hoy tenemos en nuestras fronteras del sur un litigio de soberanía con los autodenominados “Mapuches”. ¿Porque no ingresó la Gendarmería como correspondía, a imponer la ley argentina sobre su propio territorio? Seguramente por razones de inmediatez política,inconvenientes para el actual gobierno. No se ha asentado China, merced a un desconocido pacto con la Ex Presidenta, sobre la Patagonia? ¿Alguien duda que dicha posesión, no tiene fines militares? Considero que como argentinos, debemos despojarnos de sentimientos de localía y clasistas de cualquier tipo y estar cada vez mas unidos por sobre nuestros errores irredentos. Desterremos sin desconocerlo, al pasado. Que no nos impida ser una gran nación. Estemos advertidos y atentos y con miras trascendentes. Las generaciones futuras nos lo agradecerán, aunque los libros de historia lloren sobre la vieja sangre derramada.


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