A Decir Verdad Espacio de reflexión histórica y política

1Nov/150

Los escolásticos y la inflación

Este artículo me llegó sin el nombre de su autor, pero me pareció tan claro y elocuente que decidí subirlo. Si alguien conoce a quien lo escribió, le agradeceré nos lo haga saber.

P.B.A.

Cuando el escolástico padre Juan de Mariana explicaba cinco siglos atrás los efectos de la inflación, lo hacía utilizando los elementos básicos de la teoría cuantitativa del dinero, que previamente había sido expuesta, con todo detalle, por otro notable escolástico, Martín de Azpilcueta, también llamado Doctor Navarro, nacido en Navarra en el año 1493. Azpilcueta era primo de San Francisco Javier, vivió 94 años y es especialmente famoso por explicar en 1556 la teoría cuantitativa del dinero en su libro Comentario Resolutorio de Cambios. Nada nuevo bajo el sol.

Observando los efectos que sobre los precios en España tuvo la llegada masiva de metales preciosos proveniente de América, Azpilcueta concluye que

en las tierras do hay gran falta de dinero, todas las otras cosas vendibles, y aun las manos y trabajos de los hombres se dan por menos dinero que do hay abundancia del; como por la experiencia se ve que en Francia, do hay menos dinero que en España, valen mucho menos el pan, vino, paños, manos, y trabajos. Y aun en España, al tiempo, que había menos dinero, por mucho menos se daban las cosas vendibles, las manos y trabajos de los hombres, que después que las Indias descubiertas la cubrieron de oro y plata. La causa de lo qual es que el dinero vale más donde y cuando hay falta del, que donde y quando hay abundancia.

Volviendo al padre Juan de Mariana, quizá su contribución más importante en el ámbito monetario consista en haberse dado cuenta de que la inflación no es sino un impuesto que “grava a los que tienen dinero antes de que suban los precios y que, por tanto, se ven forzados a comprar las cosas más caras”. Mariana explicaba en los inicios del siglo XVII que los efectos de la inflación no se pueden evitar mediante la fijación de precios máximos, pues la experiencia ha demostrado que este procedimiento siempre es ineficiente y muy dañino.

Además, dado que la inflación no es sino un impuesto, de acuerdo con su teoría de la tiranía sería preciso el consentimiento de los ciudadanos antes de proceder a devaluar la moneda, y aunque tal consentimiento exista, es preciso reconocer que la inflación no es sino un impuesto muy dañoso que desorganiza completamente la vida económica: “este arbitrio nuevo de la moneda de vellón, que si se hace sin acuerdo del reino es ilícito y malo, si con él, lo tengo por errado y en muchas maneras perjudicial”. ¿Cómo podría evitarse la necesidad de recurrir a la expeditiva y cómoda solución inflacionaria? Mariana propone equilibrar el presupuesto y, sobre todo, que la familia real gaste menos porque “lo moderado, gastado con orden, luce más y representa mayor majestad que lo superfluo sin él”.

En segundo lugar, Mariana propone que “el rey, nuestro señor, se acortase en sus mercedes”, o en otras palabras, que no premie de manera tan generosa los servicios reales o supuestos de sus vasallos concediéndoles pensiones vitalicias; pues “no hay en el mundo reino que tenga tantos premios públicos, encomiendas, pensiones, beneficios y oficios, que con distribuirlos bien y con orden se podría ahorrar de tocar tanto en la hacienda real o en otros arbitrios”.

Como vemos, la falta de control sobre el gasto público y la compra de favores políticos a cambio de subsidios financiados con impuestos es muy antigua. Mariana también propone que “el rey evite, excuse empresas y guerras no necesarias, que corte los miembros encancerados y que no se pueden curar”. En suma, Mariana diseña todo un programa de reducción del gasto público y de mantenimiento del presupuesto equilibrado que, incluso hoy, podría considerarse como modélico.

Es evidente que si el padre Mariana hubiera sido consciente de los procesos económicos que generan la expansión crediticia creada por el sistema bancario y de sus efectos en forma de mala inversión generalizada y distorsión de la estructura de precios relativos, habría condenado como un inmoral y dañino robo la actividad gubernamental de reducción de metal de la moneda, y si viviera hoy, la emisión de papel sin respaldo de los populistas.

Es verdadera lástima que tan pocos dirigentes de nuestros países se hayan dado cuenta de lo que en 1605 se comentaba en forma tan clara y transparente por pensadores y estudiosos, como Juan de Mariana, y que sigan impávidos frente a lo que nos afecta desde hace más de 500 años.

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