A Decir Verdad Espacio de reflexión histórica y política

16Jul/172

El comportamiento irresponsable de la izquierda en el conflicto de Pepsico

Por Maximiliano Bauk

El día 13 de julio se desalojó la planta de PepsiCo en Vicente López de la mano de la policía de la provincia de Buenos Aires, por encontrarse usurpada por un minúsculo número de ex empleados, alrededor de un 12% del total, que exigía la reapertura de una fábrica que no era de su propiedad.

Dos mundos totalmente diferentes fueron visibles este día: el de las instituciones y el de la ley de la selva. Según el primero, la ley debe respetarse independientemente de nuestros gustos o nuestras conveniencias; ante un conflicto, los desacuerdos se resolverán en la Justicia teniendo en cuenta este marco de legalidad. Bajo la lógica del segundo, la ley se respeta o no teniendo en cuenta si el viento sopla a favor o en contra; a partir de allí, el marco legal será utilizado como argumento o bien se convertirá en un simple listado de sugerencias que bien puede ser ignorado.

Vayamos a los hechos. La planta cerrada era propiedad privada, por lo que las causas de su cierre no interesan siempre y cuando cumplan con la ley. Así, de los 535 empleados, 154 aceptaron ser relocalizados en las plantas de Mar del Plata y en el área administrativa en la Ciudad de Buenos Aires, 312 aceptaron indemnizaciones que según el Ministerio de Trabajo son del doble de lo prescrito por la ley del contrato de trabajo y oscilarían entre los 600 mil y los 3 millones de pesos. Quedan al final unos 69 empleados que optaron por usurpar la propiedad ajena, que es un delito.

Ante esto y sumado a la orden judicial que dispuso el desalojo inmediato de la fábrica obstruida, la policía acudió para cumplir con su labor, que se complicó debido a la violencia de los infractores que dejaron como consecuencia a unos quince policías heridos, entre ellos, a una mujer con una fractura expuesta. Pero los manifestantes no eran sólo algunos ex empleados, sino que se encontraban acompañados por políticos de izquierda, de los mismos que sin haber creado un empleo jamás en su vida exigen un salario mínimo de 25 mil pesos y una jornada laboral de 6 horas máximo, quienes paradójicamente se postulan a legisladores aunque no se entiende con qué finalidad lo hacen, teniendo en cuenta que las leyes que potencialmente puedan crear serán dejadas de lado por personajes que, como ellos mismos en esta ocasión, ven en el conflicto una mera oportunidad para brillar. Qué sentido tiene ser el creador de algo que ni uno mismo respeta.

Vayamos un poco más lejos y supongamos que la orden judicial o el derecho de fondo eran injustos. ¿Acaso eso amerita la violencia? No, ante ello existen diferentes mecanismos para solucionar el conflicto, de lo contrario, ¿cuál es el límite?, ¿la guerra civil?

"¡No compren productos de PepsiCo!" gritan ahora los frustrados políticos oportunistas de las desgracias ajenas. Claro, de todas maneras las miles de personas que viven de esta empresa y que quedarían en la calle si su pedido fuera escuchado no serán más que una nueva herramienta de propaganda.

La izquierda dice luchar por los que menos tienen pero, al mismo tiempo, sus propios diputados alientan a quebrar las normas, que son las reglas del juego dentro de las cuales los que realmente ponen lo suyo en juego, su dinero, saben que serán respetados. Sin obediencia a las normas no hay confianza, sin confianza no hay inversiones, sin inversiones no hay generación de empleo y sin generación de empleo nunca terminaremos con la pobreza que padece casi un tercio de los argentinos, así de simple.

Por primera vez en décadas conseguimos un gobierno que como mínimo haga respetar las leyes sin importar los votos que pueda perder al hacerlo. Personalmente, aplaudo esta actitud y les propongo a los legisladores a los que no les guste que presenten un proyecto al respecto, ese sí es su deber.

Fuente: Infobae

14Jul/174

Contradicciones

Carta de lector a La Voz del Interior

(La parte en cursiva no fue publicada)

Leo en el suplemento VOS una nota de Alejandro Mareco sobre la muerte de Jorge Marziali, ocurrida en Santiago de Cuba después de un recital. Nos cuenta el autor de la nota que en su última presentación, Marziali le cantó a la libertad y a la justicia y que le rindió homenaje a Ernesto Che Guevara, al que bautizó como “el niño de la estrella”.

Lo leí varias veces para convencerme de que no había entendido mal y luego de verificar que no había error, comencé a formularme algunas preguntas. ¿Puede haber mayor contradicción que cantarle a la libertad en Cuba exaltando la imagen de un asesino serial que ayudó a construir allí mismo una monarquía dinástica, que desde hace más de medio siglo tiraniza a su pueblo y lo sucumbe en la miseria después de haberle arrebatado todas sus libertades? ¿A qué clase de justicia se le canta enarbolando la efigie de alguien que mataba a sangre fría a sus semejantes, sin juicio ni defensa, por pensar diferente o por ser homosexuales?

Nunca terminaré de entender cómo funciona el doble patrón de moral de quienes se proclaman defensores de la democracia y de los derechos humanos y enemigos de las dictaduras, y al hacerlo exhiben como modelos a dictadores que atropellaron y atropellan aún los derechos humanos de todo un pueblo, luego de haber instaurado una brutal dictadura de partido único, en la que disentir con el gobierno se paga con la cárcel o la muerte.

El mundo civilizado enfrenta hoy una brutal embestida de grupos terroristas que matan a personas inocentes en cobardes atentados. Y en Argentina, hay personas que evocan con añoranza ese mismo terrorismo que padecimos años atrás y rinden pleitesía a quienes ejecutaron esos monstruosos crímenes. Pero ¿qué digo? Si hasta hace poco era ministro de Relaciones Exteriores un terrorista que en 1975 puso una bomba en un bar, asesinando a varias personas, y ahora se presenta de candidato a senador en la provincia de Buenos Aires.

Decía Albert Einstein que la locura consiste en repetir una y otra vez las mismas acciones esperando resultados diferentes. ¿No aprenderemos nunca?

Prudencio Bustos Argañarás

9Jul/170

Macri y las delicias del capitán Simonini

Por Edgardo Moreno

Cuando el escritor italiano Umberto Eco imaginó al capitán Simone Simonini, el personaje de su novela El cementerio de Praga, su país estaba gobernado por Silvio Berlusconi. Un populismo del que Italia se avergonzó cuando ya era tarde.

Simonini es un falsificador al servicio de los poderosos que requieren de su pluma documentos apócrifos para apropiarse de lo ajeno y difamar enemigos. Ofrece el arte imprescindible de la noticia falsa. Jamás faltará el exaltado que conspire, conviene sacar provecho de su ambición.

En la novela, termina contribuyendo a la elaboración del libelo que alimentó como ninguno el antisemitismo en Europa, los protocolos de los sabios de Sión. Una mentira folletinesca considerada real durante años sombríos.

Eco siempre se declaró sorprendido con una curiosidad histórica: en el momento en que se demostró la falsedad de ese libelo es cuando con más intensidad se asumió como verdadero. La prueba esgrimida por los fanáticos para decir que eran auténticos era que la prensa aclaraba que eran falsos.Al presentarnos al capitán Simonini, Eco sabía que estaba escribiendo sobre un pasado actual, en el que vivimos rodeados de falsarios. Y se reía porque su novela fue exitosa: o sus lectores estaban locos –de lo cual era constatación suficiente el voto a Berlusconi– o estaban viendo en el libro cosas que todavía suceden. Una época de verdades apócrifas y falsarios profesionales.

¿Quién sabe lo que diría Umberto Eco al ver el reciente encuentro de Donald Trump con Vladimir Putin?

El presidente estadounidense ha patentado una fórmula para maquillar la mentira. Cuando una verdad es evidente, pero no le conviene, dice que hay que considerar los “hechos alternativos”. Un adúltero filmado en flagrancia puede argumentar fidelidad alternativa.

Putin cultiva el mismo estilo. En su país, ya saben que no es tan grave lo que miente, sino el valor nulo que le asigna a la verdad.

Berlusconi era el mandamás de una corporación mediática. Trump es una mutación más evolucionada. Se sube al ring de los titanes para castigar a un falso reportero –un reportero alternativo– de la cadena de noticias CNN. Con cada movimiento que hace, el liderazgo estadounidense coquetea con el ridículo. El orgulloso pueblo norteamericano eligió para sí mismo el tiempo de la vergüenza.

Tampoco los personajes actuales con los que se deleitaría el capitán Simonini se restringen al exclusivo hospedaje del Grupo de los 20. En Corea del Norte hay un autócrata que juega con misiles y en Venezuela un dictador esotérico dialoga con los pájaros mientras silbando bajito envía fuerzas de choque al Parlamento.

Pero es en el club privilegiado de los 20 donde le acaban de entregar la llave maestra por unos meses al presidente de Argentina, Mauricio Macri.

El año que viene, el G-20 estará en Argentina. El rol de Macri, en representación del país, no será solamente el de organizador. Al anfitrión también se le permite opinar sobre la agenda.

La diplomacia argentina ya deslizó que la presidencia en el G-20 tendrá como ejes temáticos el trabajo y la educación. Suenan como enunciados incontrovertibles pero esconden un debate dramático: el más reciente capitalismo, en especial aquel que ya alcanzó mayores niveles de desarrollo, ha dejado de proveer la ilusión del pleno empleo. Precisamente porque el avance educativo, científico y tecnológico se adelantó a mayor velocidad que el diseño de nuevas herramientas de equidad social.

Trump es el emergente más notorio de las frustraciones sociales que engendra esa contradicción.

Cuando el personaje de Umberto Eco buscaba argumentos en los folletines del sombrío fanatismo de su época para elaborar su diatriba antisemita, llega a una definición terrible: es necesario darle un enemigo al pueblo para devolverle la esperanza. Y debe ser reconocido y cercano. Debe estar en el umbral de la casa.

Con el renovado auge global de esas pasiones deberá lidiar la presidencia argentina del grupo de países más importantes del planeta.

Con una solitaria ventaja. Dicen que pertenecer, también tiene sus privilegios. Obtener inversiones, abrir nuevos mercados, importar la innovación. No es Macri sino el país el que ahora asume el desafío de transformar esa frase publicitaria en un hecho comprobable.

Porque cuando al club lo presidían Barack Obama y Angela Merkel, Argentina se alineó con Hugo Chávez y Mahmoud Ajmadinejad, dos feligreses confesos de la gran conspiración mundial cuya persistencia actual sorprendería –aunque sin espanto– al capitán Simonini.

Fuente: La Voz del Interior

6Jul/172

¡Felices 444 años, mi ciudad!

Argentina es mi país y Córdoba es mi patria

Por Gonio Ferrari

En este cumpleaños y aunque pasen los siglos, ¡salud, mi ciudad, patria de siempre!

Debo jurar, por si es necesario, que pasan los años y en nada cambia mi homenaje de cada 6 de julio a esta ciudad donde nací, crecí, me malcrié protestando, trabajé y pienso despedirme de ella ni un minuto antes de lo establecido por el dueño de todos los relojes.

Desde que me acuerdo, y no son pocos años, lo digo desde el alma y con orgullo porque así lo siento: Argentina es mi país, pero la ciudad de Córdoba es mi patria.

Crecemos amando a la ciudad como es: anárquica y sensual; desordenada y doctoral; con humor de sobra para exportar y malhumor social para atender.

Ciudad aporreada por la desidia de los que dicen que mandan y por la anarquía que permiten esos mismos, los que creen que la gobiernan.Aquí en Córdoba anidan el orgullo de las raíces, la histórica arrogancia de sus luchas, la humildad mediterránea y las industrias del humor, del apodo, de los yuyos, del fernet y del cuarteto.

Y porque somos sus hijos, amamos a esta Córdoba magnética, romántica, mágica y soberbia, aunque la arruinen los que debieran mimarla y hermosearla.

Amamos a la ciudad avasallante que ejerce idéntica atracción en sus hijos adoptivos, en los que la visitan para después quedarse y en los que se aquerencian con el pretexto de estudiar.

Córdoba tiene la protectora calidez de una mamá.

También asume su condición de genuina madre sustituta.

Ciudad símbolo, ruidosa, altiva, insegura y sorprendente, quiero abrazar ese poco prolijo laberinto de tus barrios; los rumorosos bares de cada esquina; la estridencia de tus avenidas, los colores de tus clubes; el malo y caro transporte urbano; los candados de tus conventos; la pasión de tus políticos, la dañina insolencia de tu río cuando crece; la intemperie de tus villas; la sonoridad de tus campanas; el catálogo de tus baches; la penosa sorpresa de los cortes de luz; la casi permanente asamblea de los municipales; la golosa redondez de tus alfajores; la fiestera pachorra de tu Justicia; la inimitable contundencia de tu tonada; la frescura de tus estudiantes; la mentirosa solemnidad de tus doctores; la altivez de tus universidades; la columna vertebral de tu Cañada; la mugre sabatina de tu invadida peatonal; la añosa certidumbre de tus templos; tu maravillosa lozanía en el otoño; el silencioso abrigo del invierno...

Quiero, más que nada, confesarte cuánto te amo.

Por la generosa hospitalidad de tu tierra.

Por el linaje de esas cadenas que me atan a tu historia, a tus luchas, a tus días y a tu gente.

En este cumpleaños y aunque pasen los siglos, ¡salud, mi ciudad, patria de siempre!

Fuente: La Voz del Interior

5Jul/172

Cómo los gremios generan pobreza y desocupación

Por Eduardo Barbera

Todas las democracias sólidas y modernas tienen garantizados los derechos de los trabajadores en sus constituciones, buscando asegurar un salario digno, condiciones de trabajo y horarios aceptables y la libertad de agremiación para defender los derechos de quienes se desempeñan en relación de dependencia.

Pero como todo derecho, no es absoluto. Es relativo y los límites son el bien común y los demás derechos de la comunidad que los trabajadores integran. Por tanto, esos derechos están reglamentados, y las medidas de fuerza, paros y manifestaciones deben ser un último recurso luego de sortear todas las instancias previstas en las leyes.

En Argentina con el correr de los años, los gremios se consolidaron como una estructura de poder, tanto o más fuertes que las estructuras formales del Estado, a tal punto que pueden condicionar a gobiernos democráticos. Su actuación excede la protección de los derechos de sus representados como lo indica su mandato formal, para usar su poder para militar en política, proponer candidaturas, presionar por pautas presupuestarias y orientar políticas públicas según sus conveniencias partidarias.

Esto es más evidente aun en los sindicatos en las órbitas vinculadas a la administración pública, empresas estatales y servicios públicos. El reciente paro prolongado del transporte de la Ciudad de Córdoba fue un ejemplo claro del pensamiento predominante de muchos gremios, no sólo el del gremio del transporte.

No fue un caso aislado de un grupo díscolo de sindicalistas locales. Esta metodología de apriete y coerción, con los usuarios como rehenes indefensos, se repite en todo el país. El largo conflicto docente originado en la Provincia de Buenos Aires es otra muestra de manipulación política gremial.

El estado de conflicto permanente que se manifiesta en la Municipalidad de Córdoba con su sindicato que castiga a usuarios de servicios municipales sin piedad integra la larga lista de abusos del rol que debe cumplir el gremialismo serio y responsable.

Pero estos abusos no hubiesen sido posible si por años no hubiesen existido acuerdos de toma y daca con el sector político y la tutela complaciente y silenciosa del sistema judicial. Si no sería inexplicable que los principales dirigentes de los mayores gremios a nivel nacional no tengan ningún pudor en exhibir bienes y estilos de vida imposibles de justificar con su actividad gremial. Se trasforman en empresarios y estancieros con capitales cuyo origen no puede ser otro que el uso en beneficio propio de los mandatos que les asignan sus representados. Se mantienen en el poder por décadas. Aunque haya elecciones, no hay renovación posible contra semejante despliegue de poder e impunidad.

Este entramado de intereses cruzados entre la política, los gremios y la Justicia es percibido desde el exterior como la corrupción estructural y endémica de Argentina. Un esquema que fija reglas de juego que luego afectan el rendimiento cuando deben modelizarse posibles inversiones y se las comparan haciendo la misma modelización en otros países. Argentina queda muy atrás, aun respecto de países de la región en Latinoamérica.

El costo laboral en Argentina es alto, pero no por los que los trabajadores reciben en sus bolsillos, sino porque todas estas “supuestas conquistas sindicales” hicieron que el costo impositivo, tanto para el empleador como para el trabajador, sea tan oneroso que empuja al trabajo en negro. Se suma a ello el riesgo de los juicios laborales fraudulentos y el consecuente impacto en los costos.

Aunque en términos periodísticos resulte más espectacular ver los bolsos de José López arrojados en un convento o los dólares de Lázaro Báez en la Rosadita o los hoteles atribuidos a la expresidenta Cristiana Fernández, desde el punto de vista de la corrupción eso resulta anecdótico. Es mucho más grave para quien tiene que arriesgar su capital para generar nuevos puestos de trabajo saber que el tándem gremios-política-Justicia forman un eje que prioriza sus intereses por sobre los de la comunidad.

Y esto no sólo es válido para las grandes empresas extranjeras que el presidente Mauricio Macri busca convencer en sus visitas a distintos países. El desaliento a la inversión también lo padece una pequeña empresa familiar. Su temor a tomar nuevos empleados es por la misma causa. Mas del 70 por ciento del empleo en el país es generado por Pyme. Son ellas las que harían descender el índice de desempleo para reducir los actuales niveles de pobreza e indigencia. Pero los desempleados no tienen gremios que los representen y a la corporación sindical eso no le interesa.

Fuente: La Voz del Interior

2Jul/170

En el transporte de pasajeros, la brecha de fondos se mantiene

Por Rubén Curto

En el servicio de transporte, el enmarañado sistema de subsidios nacionales consolidó en los últimos años, tal como ocurre con otras tarifas (combustibles, electricidad), fuertes diferencias e inequidades sobre lo que pagan los usuarios de la provincia de Córdoba respecto de los precios acomodadísimos de sus pares del denominado Amba (ciudad de Buenos Aires y alrededores).

Esa brecha, expuesta en números, habla por sí misma. En marzo último, los colectivos del Amba recibieron un 38,5 por ciento más de subsidios que los de Córdoba. Por cada coche del área metropolitana, la Nación aportó 130.582 pesos, mientras que acá fueron 94.257 pesos por unidad.

El reparto desigual también se refleja en las proporciones: 77 por ciento de los subsidios totales va al Amba y el resto se gira al interior del país.

Otra forma de medir esa disparidad es mediante la porción de costos operativos del sistema que cubren los subsidios. En Buenos Aires, esa participación llegó a ser del 80 por ciento y en 2016 se redujo un poco: bajó al 68 por ciento, debido a la duplicación de tarifa que dispuso el Gobierno, al llevarla de los irrisorios tres pesos de entonces a los seis pesos que aún tienen vigencia.En Córdoba, los subsidios solventan alrededor de un 35 por ciento de los costos. Esa incidencia se considera “razonable” en función de referencias internacionales de países donde está blanqueado al subsidio estatal al transporte privado.

Es algo lógico, aceptable. Lo irracional es lo del Amba, donde la tarifa es poco menos que simbólica y todo funciona en base a subsidios”, apunta un empresario local.La disparidad tiene su reflejo inmediato en lo que pagan los usuarios. En Córdoba, el servicio urbano tiene una tarifa plana de 12,55 pesos (el doble del Amba). La plata de Nación apunta cada año a “calzar” los aumentos acordados en la paritaria de los choferes nucleados en UTA.

Más coches, menos plata

Las inequidades no se agotan en los montos de los subsidios. Hay otras aristas. Por ejemplo, la vigencia de una resolución de 2012 que literalmente “congeló” el universo de coches alcanzados por los subsidios, impidiendo así la actualización de la nómina por renovación e incremento de flota.

Ese ítem pegó con particular dureza en el caso de la ciudad de Córdoba, uno de los pocos distritos donde hubo licitación del sistema e incorporación de unidades. La situación derivó en un absurdo: las jurisdicciones donde hay inversión y se suman más unidades pierden.

Un tercer elemento distorsivo en el esquema de subsidios es que en Córdoba están fuera de ese beneficio, desde 2010, los coches interurbanos que cubren recorridos mayores a 60 kilómetros. Son 311 unidades que reciben “cero” aporte nacional.

La situación recién está por revertirse ahora, con la incorporación de ese segmento del sistema al grupo subsidiado.

El esquema de subsidios superconcentrados en Buenos Aires no nació ayer. Creció y se consolidó de la mano de la estrategia del kirchnerismo de apuntalar su clientela electoral porteña con tarifas a precio de regalo, solventadas por el resto del país.

Tal como le pasó en otras áreas (por caso, el gasto público), la declarada vocación de Cambiemos de corregir las distorsiones se quedó a mitad de camino.

La primera señal del actual Gobierno nacional fue un anuncio respecto de que iba a congelar la masa total de subsidios al transporte, y empezar a equilibrar la balanza, con tarifas más lógicas en el Amba.

Otra vez, los números. Desde 2014 a la fecha, la tarifa del urbano en Córdoba pasó de 5,30 pesos a 12,55 pesos (136,8 por ciento de incremento). En este caso, la secuencia inflación-costos-tarifa siguió su lógica implacable, al no aumentar los subsidios nacionales, ni haber aportes municipales.

En el Amba, en cambio, en 2014 la tarifa estaba a tres pesos –recorrido de hasta tres kilómetros– y en 2016 saltó a seis pesos. Fue un incremento del 100 por ciento, pero como excepción en medio de casi una década de tarifa “planchada”. De hecho, aún hoy implica la mitad del costo del viaje en Córdoba.

Freno de mano

Ese primer intento macrista por sincerar tarifas en el transporte metropolitano y acercarlas aunque sea un poquito a los costos reales tuvo luego un contrapeso.

Se amplió la denominada tarifa social, por la cual unos tres millones de usuarios pagan el viaje a 2,70 pesos, esto es, 30 centavos menos que la tarifa plana vigente antes de 2016.

Reciben ese beneficio los jubilados, titulares de Asignación Universal por Hijo, Jefe de Hogar, veteranos de guerra y monotributistas sociales. Lo hacen a través de la tarjeta Sube, que la Nación extendió también a distritos como San Juan, Catamarca y Corrientes, pero no así a grandes urbes como Córdoba, Santa Fe y Mendoza.

No lo hacen acá porque les crecería muy fuerte la cantidad de beneficiarios de tarifa social”, se quejó un funcionario de la provincia.

Los enormes beneficios de los usuarios del Amba, comparados con sus pares del interior, no se agotan en el costo de las tarifas. Tienen otras ventajas comparativas muy fuertes: mayor cantidad de flota, alto índice pasajero/kilómetro y recorridos cortos, que por lógica hacen más competitivos los servicios en esa jurisdicción.

Esto sin considerar la existencia de otras opciones de movilidad, que en Córdoba no existen, tales como trenes y subte, también fuertemente subsidiados por la Nación.

No hay que aumentar los subsidios en el interior. Lo que urge es desarmar esa lógica de seguir poniendo plata donde el sistema menos lo necesita para ser sustentable, como ocurre con el Amba”, graficó el titular de una prestataria urbana de Córdoba.

Fuente: La Voz del Interior

25Jun/173

Durán Barba, el momento Waldo y el gorila invisible

Por Edgardo Moreno

Ahora que Jaime Durán Barba ha conseguido que Cristina Fernández –nada menos–  
imite su formato de campaña electoral, a hora que la dirigencia política acude a leer con menos prejuicios sus reflexiones sobre la política en el siglo 21, tal vez convenga juzgarlo menos por sus declaraciones y más por sus publicaciones.

El más reciente manual de Durán Barba y Santiago Nieto no es un manual. Porque el gurú ecuatoriano es más que un gurú: es un apasionado por la conversación como estilo y método y cautiva con aquello que él mismo admira en el espíritu científico, la sed de maravillas.

Durán Barba ha recorrido un camino intelectual vasto, en el que recogió especialmente las derivaciones latinoamericanas de la ideología que marcó a su generación. La de Marx, Lenin y Gramsci, adaptada a la realidad regional.

Pero la constatación de la aceleración del cambio en el nuevo siglo es la novedad que presenta con todo el énfasis de un descubrimiento. Porque observa atónito cómo la política todavía la ignora.Que entre 2014 y 2016 la humanidad haya creado tanta información como toda la que pudo acumular desde la Prehistoria hasta 2014 no es un dato que la política esté en condiciones de desconocer sin pagar enormes costos.

Para Durán Barba estamos ante una bisagra histórica, que demanda la misma revolución del conocimiento que desencadenó Cristóbal Colón, quien “no sólo encontró nuevas tierras, sino que produjo un terremoto conceptual cuando descubrió la ignorancia, principio básico de la ciencia”.

A los políticos incapaces de percibir la intensidad de los cambios los compara irónicamente con 
Leo Allatius, el teólogo, astrónomo y custodio de la biblioteca del Vaticano, un monje como el venerable Jorge que imaginó Umberto Eco.

Un siglo después de Copérnico, Allatius sostenía que en el momento de la ascensión de Jesús a los cielos su santo prepucio, circuncidado cuando niño, se extravió, chocó con Saturno y se convirtió en sus anillos.

Esos políticos actúan como el califa Omar cuando ordenó incendiar la biblioteca de Alejandría: si las ciencias sociales que investigan la política coinciden con su propia doctrina, no sirven para nada porque repiten. Y si disienten, no tiene caso estudiarlas.

El mundo es completamente distinto del que vivimos en nuestra propia infancia, dicen Durán Barba y Nieto. Cuando se extingue un paradigma no se vuelven a discutir sus conceptos porque pierde sentido la polémica sobre su corrección. El oráculo que defienden con apasionamiento son las encuestas y sondeos de opinión pública. Todo allí se explica. Las estadísticas son la llave científica que puede ayudar a resolver el conflicto político.

Ocurre que esta inclinación por los estudios de opinión pública choca con una tendencia sobre la cual alertó William Davies, en un artículo publicado por el diario inglés The Guardian , a principios de este año.

La declinación de la autoridad de las estadísticas y de los expertos que las analizan está en el corazón de lo que se ha dado en llamar la posverdad”, afirmó Davies. Las estadísticas modernas nacieron con las democracias modernas. Con William Petty y John Graunt, tras la rebelión inglesa de Oliver Cromwell. Y con la obsesión por la medida de los jacobinos franceses. En esa obsesión se jugaba la idea de un gobierno centralizado y una sociedad igualitaria.

Davies señala que los esfuerzos para representar los cambios sociales en términos simples y con indicadores reconocibles están perdiendo legitimidad. Porque en el nuevo mundo –el mismo del Big Data que deslumbra a Durán Barba– los datos son capturados primero y las preguntas para investigar llegan después. Es un paso más allá de las encuestas que analizaba en sus orígenes el PRO, donde cada porteño era una cruz de multiple choice , fileteada a la vuelta del Obelisco.

Durán Barba profesa su fe política en los siguientes términos: “La democracia funciona cuando reemplazamos las verdades eternas con hipótesis que están siempre expuestas al escrutinio y a la posibilidad de ser desbaratadas cuando contradicen la realidad”.

¿Qué ocurre cuando esos cambios en los estados de opinión se aceleran hasta el vértigo? ¿Es suficiente con el deslumbramiento y la casuística electoral? ¿O conviene pensar nuevas teorías de la representación y la democracia?

Durán Barba no ensaya una respuesta. Dice que la gente es pragmática y no se interesa en teorías. Recomienda escribir programas escuetos. Que son necesarios para gobernar, no para mostrarlos en campaña. Porque los nuevos electores no se despolitizaron. Nunca estuvieron politizados.

En ese discurso navegaba la Argentina en la década de 1990 cuando la sorprendió la narración ideológica del kirchnerismo.

Para explicar los comportamientos grupales, Durán Barba alude al experimento del “gorila invisible”, de Christopher Chabris y Daniel Simons, dos psicólogos de Harvard. Ellos seleccionaron voluntarios para que viesen un juego de básquet en un video. Les pidieron que cuenten con precisión los pases de unos a otros, en cada equipo. Y filtraron con disimulo en el video una persona disfrazada de gorila. Concentrados en el recuento, la mayoría de los voluntarios no se percataron del gorila.

Durán Barba reclama la máxima atención a las encuestas. Pero la falta de desarrollo teórico es el gorila que aparece y no se alcanza a ver.

En la serie de televisión inglesa El espejo negro , los guionistas imaginan un futuro distópico, donde la tecnología arruina aquello que ya estaba peor.

En uno de sus episodios, aparece un personaje virtual, un dibujo animado, un oso azul. Se llama Waldo y es agresivo y procaz. Waldo no sólo tiene su propio show de televisión. Conecta con lo popular en las encuestas y los productores lo proponen como candidato: “No necesitamos a los políticos. Todos tenemos smartphones . Cualquier decisión que haya que tomar, la ponemos on line . Dejemos que la gente vote. Pulgares arriba, pulgares abajo. Eso es una verdadera democracia”. Waldo hace campaña desde una pantalla gigante montada en un camión. 
Le aparece de improviso al candidato oficialista, cada vez que sale a la calle a intentar un timbreo. Es la política en “el momento Waldo”.

Como concluye Davies, la batalla de largo plazo no será entre una política de hechos dirigida por élites y una política populista de sentimientos. “Sino entre aquellos que todavía están comprometidos con el conocimiento y la argumentación pública, y aquellos que sacan provecho de su continua desintegración”.

Fuente: La Voz del Interior

14Jun/173

MESTRE Y LA MAFIA SINDICAL

Por Prudencio Bustos Argañarás

La patética inoperancia del gobernador Schiaretti, el vice Llaryora y el intendente Mestre en el conflicto que mantuvo a la ciudad de Córdoba en manos de los dirigentes de la UTA, apoyados por los del Surrbac, ha pasado a ser uno de los episodios más vergonzosos de la historia reciente.

El gobernador no creyó necesario interrumpir sus vacaciones de otoño en Brasil y dejó la provincia en manos de Llaryora, cuya única acción fue promover una ridícula denuncia contra los tuiteros que subieron memes a las redes sociales. La tardía reacción de Schiaretti impulsando una ley para reglamentar el derecho de huelga en los servicios públicos muestra un retraso de casi treinta años. En 1989 presenté un proyecto en tal sentido en el Senado, que radicales y peronistas se negaron a tratar, y hoy la reacción de los aliados del gobernador en la Legislatura anticipa nuevas dificultades para su aprobación.

Mestre, por su parte, intentó sustituir la falta de ómnibus mediante un sistema alternativos de taxis colectivos que resultó un grotesco fracaso. En definitiva, los cordobeses debimos padecer más de una semana privados del transporte público de pasajeros, con la ciudad tomada por asalto y sumida en el caos, y un estado ausente e impotente que no supo cumplir con su deber más elemental, que es mantener el orden y garantizar a los ciudadanos el ejercicio de sus derechos.

También exhibió su incompetencia el Ministerio Público, mientras que el Poder Legislativo desnudó un retraso que se mide en décadas, como lo expliqué en una nota publicada en la versión digital de La Voz del Interior (http://www.lavoz.com.ar/opinion/el-estado-ausente-en-el-caos-gremial-de-los-choferes).

Pero en el caso del intendente subyacen algunas situaciones poco claras con los gremios en conflicto, que resulta necesario analizar. La relación de Mestre con los dirigentes locales de la UTA es decididamente mala. Los gremialistas lo acusan de ser el verdadero dueño de la empresa Ersa, que pertenecía al ex gobernador de Corrientes, Raul Tato Romero Feris, condenado a prisión por actos de corrupción en 1999 y acusado luego por vinculaciones con el narcotráfico. Afirman que Romero Feris trabó relación con el entonces interventor de Corrientes, Ramón Bautista Mestre, padre del intendente, que las  mantuvo.

Ersa, que fue favorecida en las adjudicaciones del transporte público de pasajeros de la ciudad, tiene además un acuerdo de cooperación con Autobuses Santa Fe (hoy Aucor), con lo que logró ocupar una posición dominante con el manejo de seis de los ocho corredores, lo que equivale al 75% del sistema. El ceo de Autobuses Santa Fe es Alejandro Rossi, hermano de Agustín Rossi, exministro de Defensa de Cristina Fernández

El concejal Esteban Dómina denunció serias irregularidades en la licitación, acusando a Mestre de haberlo hecho de “modo discrecional”, ”alterando  las reglas de juego”, con un resultado que contraría la intención original del sistema, que era evitar la concentración del servicio en una sola compañía. El fiscal federal Gustavo Vidal Lascano, por su parte, promovió acción penal contra Mestre y Ersa en setiembre de 2014, por defraudación calificada a la administración, mediante desvíos de subsidios de la Nación realizados desde agosto de 2013 hasta marzo de 2014, en que cesaron a raíz de una auditoría realizada por la Comisión Nacional de Regulación del Transporte, que confirmó la existencia de la operación fraudulenta.

Estos negocios turbios son mencionados por el ministro de Trabajo de la Provincia, Omar Sereno, en una entrevista con dirigentes de UTA, cuya grabación ha circulado por las redes, pero ningún fiscal ha convocado hasta hoy a Sereno para tomarle declaración.

También en la recolección y transporte de residuos sólidos urbanos, barrido y limpieza de calzadas y la recolección, tratamiento y disposición final de residuos patógenos, hay sospechas de la existencia de situaciones irregulares, por cuanto la empresa Lusa (Logística Urbana S.A.), que desde 2012 presta en Córdoba dichos servicios, forma parte del Grupo Ersa. Pero a diferencia del caso anterior, la relación de Mestre con la dirigencia del Surrbac (Sindicato Único de Recolectores de Residuos y Barrido de Córdoba) era bastante más que cordial hasta estos últimos días.

El Surrbac mantiene un fuerte enfrentamiento con el sindicato de camioneros de Hugo Moyano desde el año 2012, en que este se distanció del kirchnerismo. Amparados por el entonces ministro de Trabajo Carlos Tomada, los recolectores lograron en tiempo record la autorización de la Superintendencia de Servicios de Salud para crear su propia obra social, llamada Ossurrbac, pero en noviembre último el fiscal ante la Justicia federal de Primera Instancia de la Seguridad Social, Gabriel de Vedia, hizo lugar a una cautelar pedida por Moyano, quien los acusó de falsedad ideológica, abuso de autoridad y asociación ilícita, delitos que investiga un juzgado Criminal y Correccional Federal.

Julio Mauricio Saillen, secretario general del Surrbac, activo militante del kirchnerismo y protagonista en las bochornosas jornadas que padecimos, adquirió una importante cuota de poder gracias a la presidente Cristina Fernández y logró que su hijo veinteañero, Franco Gabriel, fuera elegido legislador provincial, presidente de la Juventud Sindical Peronista y vocal de la comisión directiva del Surrbac.

Pascual Vicente Catrambone, secretario de Ramas y del Interior de dicho sindicato, es miembro del director de Crese (Córdoba Recicla Sociedad del Estado), creada por Giacomino en 2010, y de Cormecor (Corporación Intercomunal para la Gestión Sustentable de los Residuos Sólidos Urbanos del Área Metropolitana de Córdoba S.A.), inventada por Mestre en 2012.

El 24 de julio de 2014, Catrambone firmó como miembro del Surrbac un convenio con Crese, de la cual era director (ver Resolución N° 1655/2014 de la Secretaría de Trabajo de la Nación, Expediente Nº 393.272/14). Es decir, un contrato consigo mismo. Curiosamente, en la página web de Cormecor (http://www.cormecor.com/), Catrambone aparece como Pascual Vicente, sin su apellido.

Esta dualidad funcional de Catrambone no se detuvo allí. El 22 de junio  de 2016 un exempleado de Crese llamado Pablo Carrasco, lo denunció por negocios incompatibles con la función pública, al actuar como contratante y como proveedor, a través de terceros. El 30 de mayo de 2011 se constituyó la empresa Krates Constructora SA, cuyo presidente era Agustín Catrambone, hijo de Pascual y vocal del Surrbac al igual que su hermano Miguel Ángel, en sociedad con Omar Portillo (ver Boletín Oficial del 16 de noviembre de 2011). En 2014 Pablo Luis Oviedo, allegado a la familia Catrambone, reemplazó a Agustín en la empresa. Krates, que nunca tuvo empleados pero sí doce vehículos (entre ellos, un Audi Coupé 3.2), se quedó en mayo de 2015 con un contrato que rescindió la empresa Federico S.A. con Crese, a sólo tres meses de iniciado, para mover tierra desde el enterramiento de Piedras Blancas hasta el de Potrero del Estado.

El 13 de mayo de 2013 Agustín Catrambone creó otra empresa llamada Higyse SA, junto con Mauricio Boñanni, (ver Boletín Oficial del 17 de junio de 2013), que les vende a Crese, Lusa y Cotreco guantes, antiparras y delantales, y al Esop bolsas y otros elementos, por valores millonarios. Según la denuncia, Pascual Catrambone direccionaba las compras en favor de la empresa de su hijo desde el directorio de Crese. Afirma el denunciante que “obligaba a los empleados a pedir listas de precios a otras firmas y después hacía cotizar a Higyse” conociendo de antemano los precios de los competidores.

Además, Saillen y Catrambone padres encabezan como presidente y vice la Asociación Mutual del gremio, Amsurrbac. En el desempeño de dicha función, ambos fueron imputados en mayo de 2016 por “usura habitual y administración fraudulenta reiterada en concurso real” en la concesión de préstamos y manejo de dinero en la mutual sindical. Los denunciantes, afiliados al sindicato, indicaron que se les practicaban descuentos arbitrarios que destinaron a una actividad lucrativa en su beneficio, aplicando además intereses usurarios de más del 12% mensual.

Pero las dos investigaciones fueron a parar a manos del ex fiscal anticorrupción Gustavo Hidalgo, quien se libró de ser destituido gracias al voto de la presidente del Superior Tribunal en el Jurado de Enjuiciamiento. Poco después fue escandalosamente ascendido a juez de control con el voto en contra de los legisladores de Cambiemos, a excepción de los que responden a Mestre, que votaron a favor. Recientemente Hidalgo fue denunciado por encubrimiento agravado, abuso de autoridad y violación de los deberes de funcionario público, por su actuación en las causas Kolector, Lava Jato en Córdoba y Camino al Cuadrado, en las que estuvieron involucrados funcionarios del Gobierno provincial. Con los antecedentes de este fiscal tan funcional al poder de turno, no puede sorprender que las dos denuncias contra Saillén y Catrambone duerman el sueño de los justos hasta su olvido.

Las vinculaciones de Mestre con el Surrbac se demuestran también por el hecho de habernos obligado a los cordobeses a pagarles indemnización a los empleados de Cliba que pasaron a Crese en 2008, y de nuevo el año pasado a los de Lusa y Cotreco que pasaron al Esop, en ambos casos con la fuente de trabajo garantizada. No es necesario recordar a los cordobeses que el servicio sigue siendo cada vez más ineficiente y han vuelto a aparecer basurales a cielo abierto en toda la ciudad, cuyo número se estima en más de doscientos. Bien le cabe entonces al señor intendente el reproche de sor Juana Inés de la Cruz:

¿Qué humor puede ser más raro

que el que, falto de consejo,

él mismo empaña el espejo

y nota que no está claro?

El presidente Macri se ha mantenido prudentemente al margen del conflicto, seguramente porque sabe que los cordobeses somos quisquillosos y no nos gusta que desde Buenos Aires se metan en nuestros asuntos, pero también porque Mestre se ha convertido para él en una carga pesada. Si bien es radical y aliado suyo en la provincia que le hizo ganar la elección, el descrédito que se ha granjeado en la ciudad por su desastrosa gestión como intendente es más que evidente. En 2015 fue reelegido con apenas el 32% de los votos, cuando Macri sacó en la ciudad el 75% y en la actualidad el nivel de rechazo es muy alto.

Además, hoy complica la interna de Cambiemos al querer imponer como primer candidato a diputado a nacional a su hermano Diego Mestre, al que lanzó a la política nombrándolo en 2011 como director general del Área Central, una repartición creada por él para sacar a los vendedores ambulantes de la zona céntrica, cuyo nulo resultado se puede apreciar caminando por el centro. El apellido Mestre a la cabeza de la lista de Cambiemos sería garantía de derrota en la Capital.

El conflicto de los choferes parece haberse solucionado por el momento, aunque hay fundados temores de que se termine por acordar con los responsables la reincorporación de los despedidos y el pago de los días no trabajados, lo que sería una verdadera estafa a los sufridos contribuyentes, que veremos en definitiva salir de nuestros propios bolsillos los fondos destinados a ello. A lo que se añadiría el perverso mensaje de que los gremios pueden hacer con Córdoba y sus habitantes lo que se les antoje, sin pagar nada por ello, lo que constituye una verdadera invitación a continuar con sus comportamientos mafiosos.

Schiaretti, Llaryora y Mestre nos deben a los cordobeses una disculpa, porque no han honrado el juramento que hicieron al asumir sus cargos, de observar y hacer observar las leyes y la Constitución. Si Dios y la patria no se lo demandan, debemos hacerlo nosotros, por no haber sido capaces de garantizar la vigencia del estado de derecho y de preservar nuestras garantías constitucionales, sus primeros deberes.

7Jun/173

¿Sirve la actual política económica para domar la herencia K?

Por Roberto Cachanosky

Desde el kirchnerismo se critica al PRO porque dicen que Macri mintió en la campaña. Es decir, prometió cosas que no hizo. Esta es una acusación absolutamente falsa porque, justamente, Macri nunca anunció una reforma del Estado, ni eliminar los planes sociales, ni reducir la cantidad de empleados públicos, ni volver a un sistema de capitalización privado de jubilaciones y cosas por el estilo. Solo dijo algo sobre las tarifas de los servicios públicos que ya el kirchnerismo había iniciado quitando algunos subsidios y luego apeló al voluntarismo de atraer inversiones, un cuento que alguien le hizo para no encarar los problemas de fondo suponiendo que el solo paso del tiempo los iba a resolver. Es más, el PRO, salvo unos pocos ñoquis, no echó a nadie del sector público, la estructura de la administración pública nacional aumentó un 25% y se enorgullece de tener más planes sociales que el kirchnerismo.

El kirchnerismo dejó una herencia terrorífica, a saber:

  • Tipo de cambio atrasado
  • Gasto público récord e ineficiente
  • Presión impositiva récord
  • A pesar de 3), déficit fiscal entre los más altos de la historia económica argentina
  • Destrucción del sistema energético
  • Destrucción de 12 millones de cabezas de ganado
  • Destrucción de las economías regionales
  • Empleo público récord
  • El gobierno kirchnerista dejó un 29% de pobres y 6,4% de indigentes
  • El stock de LEBACS, NOBACs y pases netos empezó con $ 10.000 millones en 2004 y terminó en 2015 con 300.000 millones. Multiplicaron por 30 la deuda del BCRA
  • Vaciaron el BCRA a punto tal que tuvieron que poner un cepo cambiario
  • Prohibieron la exportación de trigo y maíz induciendo el monocultivo
  • En vez de generar trabajo crearon generaciones de planeros que viven de subsidios y no saben lo que es trabajar
  • El atraso de las tarifas de los servicios públicos fue infinitamente mayor al que generó Gerlbard en 1973 que derivó en el rodrigazo de 1975
  • Nos robaron los ahorros que teníamos en las AFJP para financiar populismo
  • Los trenes chocaban dejando muertos
  • Llevaron al extremo la cultura de la dádiva
  • Es el gobierno más sospechado de corrupción de la historia argentina

Y el listado puede seguir. Ahora bien, frente a esta dramática herencia dejada por el kirchnerismo, el PRO tuvo un diagnóstico equivocado de la herencia que recibía del kirchnerismo subestimándola o cometieron un serio error en creer que los problemas se iban a solucionar solos con el solo requisito que Macri se sentara en el sillón de Rivadavia. Pensaron que la sola presencia de Macri y quitando el cepo iban a llover inversiones que harían crecer tanto la actividad que la recaudación aumentaría de tal manera que el déficit fiscal se solucionaba solo. Puesto de otra manera, asumiendo que tenían un relevamiento acertado de la herencia que dejaba Cristina Fernández, la forma de enfrentar esa herencia no fue ni es la adecuada. Para eso se requería cirugía mayor en materia impositiva, del gasto público y reforma laboral como mínimo. Además, la suba de la tasa de interés abortó el acomodamiento del tipo de cambio de mercado y complicó la salida por el lado de las exportaciones.

De las tres opciones que tenía el PRO para poner en marcha la economía: 1) consumo, 2) inversión y 3) exportaciones, la última era la más rápida para salir de la larga recesión de 5 años que dejaba el kirchnerismo y las que iban a permitir enfrentar reformas estructurales con menor impacto sobre la población. El consumo, llevado artificialmente hasta niveles insostenibles por Cristina Fernández iba a caer inevitablemente y la inversión iba a llevar su tiempo.

Desde el comienzo alguien le vendió a Macri que era políticamente imposible hacer reformas estructurales por el costo social que ellas implicaban sin evaluar el costo social de no hacer las reformas estructurales. Si el presidente hubiese tenido asesores más preparados hubiera advertido que el costo social de no hacer las reformas era más alto que hacerlas.

Por otro lado, se pueden hacer todos los argumentos políticos que se quiera para decir que no se pueden hacer reformas estructurales, pero la economía ignora todos esos argumentos. Si hay escases no es con pensamiento optimista que se soluciona el problema como pretende el filósofo estrella del gobierno o haciendo encuestas para ver qué opina la gente. Un estadista lidera el cambio, no sigue los caprichos que surgen de las encuestas.

¿Qué hacer ahora? En mi opinión terminar con esto de 6 ministerios en el área económica y poner un solo ministro que tenga una visión general del problema económico y cómo encararlo. El presidente no va a quedar opacado porque un ministro de Economía sea exitoso. En segundo lugar, ese ministro tiene que explicar claramente la herencia recibida y por qué hay que bajar el gasto público con planes de retiro voluntario en empleados públicos y un plan (hay varios trabajos al respecto) para ir reduciendo los llamados planes sociales. En vez de endeudarse para financiar el déficit fiscal, endeudarse para financiar la reforma del Estado. En vez de hacer obras públicas con deuda, convocar al sector privado para hacer esas obras. Primero se hace la inversión y luego empiezan a cobrar con peajes o las tarifas correspondientes.

Cambiar la legislación vigente y permitir que se hagan transacciones en cualquier moneda. El peso debe dejar de tener curso forzoso porque se necesita urgente una moneda para poder hacer operaciones de largo plazo.

Plantear una reforma laboral que estimule la contratación de personal para poder reducir la pobreza.

Convocar a la oposición a acompañar esta política para enfrentar la herencia recibida. Si una vez bien explicada la herencia, la oposición se niega a acompañar las medidas necesarias para frenar el sufrimiento de la gente, entonces quedará en evidencia que los responsables son los partidos opositores. Y de compromiso la oposición propone medidas absurdas se las denuncia. Pero para eso tienen que nombrar a un ministro de Economía que sepa comunicar. Que sea casi un docente.

En síntesis, los problemas no se van a solucionar solos con el solo paso del tiempo o endeudándose indefinidamente porque no hay posibilidad de endeudarse eternamente por más liquidez que haya en el mercado internacional. Tampoco van a llover las inversiones porque Macri sea presidente. Van a venir cuando no las maten con impuestos, haya infraestructura, estabilidad de precios y Argentina deje de ser tan cara en dólares por el retraso artificial del tipo de cambio real vía la tasa de interés.

Los problemas hay que enfrentarlos. No esperar a que se solucionen solos. Eso es lo que tiene que entender Macri. Y también tiene que entender es que si el plan económico es no tener un plan económico, es porque no entienden cómo funciona la economía y todas las variables están interrelacionadas, incluso con el flanco institucional.

Un punto antes del párrafo final. También hay que dejar de gobernar mirando qué dicen las encuestas. Acá no se trata de vender un detergente, se trata de adoptar medidas que requieren de estadistas que sepan liderar el cambio.

En definitiva, hace falta más ciencia y experiencia y menos humo vendiendo un falso optimismo y entusiasmo.

Fuente: Libertad y progreso

1Jun/174

Palabra de Bergoglio

Por Carmen de Carlos

Entre la indignación y el agotamiento. En ese lugar tan triste me coloca la última –una más– decisión del Papa con Argentina, su país. Francisco volvió a enviar una carta de solidaridad y ánimo a Milagro Sala, cacique presa desde hace año y medio por, entre otros delitos: intento de asesinato, asociación ilícita, incitación a la violencia, robo en banda, explotación de personas, vínculos con el narcotráfico y malversación de fondos públicos.

En la misma, su Santidad le asegura, “ comparto su dolor y sufrimiento” (sic) y le expresa sus “deseos de que todo se resuelva bien y pronto” (sic).

El mensaje, desde el Vaticano, a una persona que está probado que torturó, robó, saqueó, humilló y se aprovechó de los pobres, como lo fue ella antes de convertirse en el brazo armado del kirchnerismo en Jujuy (llegó a prender fuego a la Gobernación) , resulta decepcionante para la sociedad y frustrante para una Justicia que –ya era hora– intenta hacer su trabajo.

El Papa, que tan bien parece entender el planeta, tiene un problema con su país y Sudamérica. Los movimientos de Jorge Mario Bergoglio, desde que Mauricio Macri está en la Casa Rosada, dan la impresión de estar destinados a sembrar la discordia y no la concordia en su pueblo.

Buena parte de los compatriotas que le visitan en Roma –o los que lo hacen público– forman parte de esa red de corrupción y delincuencia, incluida Hebe de Bonafini, que se extendió por más de diez años en Argentina. Otros, como el ex embajador Eduardo Valdez o el legislador porteño Gustavo Vera, responden al odio visceral al actual gobierno.

Estos no dudan en ejercer de correa de transmisión del pensamiento crítico de Francisco contra un señor al que votó más de la mitad de Argentina y que con sus aciertos y defectos intenta sacar adelanta un país polarizado y hecho trizas.

El tiempo, en algún momento, permitirá que Jorge Mario Bergoglio vuelva a abrir los ojos en su tierra, como lo hizo cuando era arzobispo de Buenos Aires. Mirar para otro lado, por razones ideológicas u otras, suele tener consecuencias, como vemos en Venezuela, dolorosas y sangrientas.

Puede que el Santo Padre, que vive en Roma, no se dé cuenta de que, como reza la canción, le están matando a su paloma. Ojalá que sus “deseos de que todo se resuelva bien y pronto”, como le escribió a Milagro Sala, se traduzcan en justicia verdadera y no impunidad para la mujer que sembró el terror en esa provincia norteña donde pronunciar su nombre, aún hoy, hace temblar a los honestos.

Fuente: Diario ABC de Madrid (sábado 27 mayo de 2017)

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