A Decir Verdad Espacio de reflexión histórica y política

21Sep/174

UNA REPATRIACIÓN POCO SERIA

Por Prudencio Bustos Argañarás

(Reproduccion del artículo publicado en La Voz del Interior el 5 de noviembre de 2011, con agregados actuales)

Como liberal, como federal y como pariente del gobernador Juan Bautista Bustos, me he alegrado por el tardío pero justiciero reconocimiento que se le ha tributado por parte del gobierno provincial, y en particular por el espléndido monumento ecuestre que lo recuerda en el parque Sarmiento. Y también me llegué a entusiasmar con la idea de ver descansar sus restos mortales en su ciudad natal, poniendo fin a un largo exilio de más de ciento ochenta años. Ello a pesar de ser conciente desde un comienzo de la gran dificultad que había para identificarlos.

Pero desde que el Equipo Argentino de Antropología Forense (EAAF) declaró haber hallado su cadáver, los argumentos que dieron a conocer para acreditar su autenticidad me resultaron poco convincentes. Me permitiré analizar uno por uno.

1) Se dijo que los restos en cuestión fueron extraídos del presbiterio del templo santafesino de Santo Domingo, en donde el prócer fue sepultado el 19 de setiembre de 1830. Lo primero que debo señalar es que la partida de defunción no aclara en qué lugar del templo fue enterrado, ni siquiera si fue en su interior o en el cementerio adyacente. Simplemente dice “en Santo Domingo”, por lo que el hecho de que el cuerpo extraído estuviese en el presbiterio nada aclara con relación a su identidad. La lápida que les sirvió de referencia fue colocada en el año 1974 por mi padre y otros familiares, en un sitio cualquiera del templo, por ignorar el lugar exacto en el que se hallaba.

Pero además, del informe del EAAF se desprende claramente que dicha lápida no estaba en el presbiterio de la actual iglesia, sino en el crucero, es decir, en el espacio en que convergen la nave principal y el transepto. El presbiterio se sitúa justo por delante de donde estaba el altar mayor antes del Concilio Vaticano II. A ello se suma que el templo de 1830 ya no existe, pues el actual fue construido a partir de 1892, y hasta hoy los historiadores santafesinos no se ponen de acuerdo en qué parte de este corresponde al presbiterio de aquel.

Pero insisto, ningún documento nos dice que Bustos haya sido sepultado en el presbiterio. Por el contrario, la Dra. Adriana Collado, delegada en Santa Fe de la Comisión Nacional de Museos y Monumentos Históricos, afirma que para 1830 el templo estaba en construcción y la zona del presbiterio se hallaba abandonada, por lo que “resulta muy poco probable que el enterramiento del brigadier Bustos se hubiera realizado en coincidencia con el actual presbiterio”.

2) No se ha realizado un estudio que permita establecer, al menos con aproximación, la fecha en que fue enterrado el cadáver que se le atribuye al gobernador, por lo que podría tratarse de cualquiera de los más de quinientos individuos de sexo masculino que recibieron sepultura en dicho templo entre 1661 y 1850, según el prolijo estudio realizado por el arquitecto Luis María Calvo, de la Junta de Estudios Históricos de Santa Fe. Se dice que en la actualidad hay un número sensiblemente menor de cuerpos, lo que lleva a suponer que los faltantes fueron removidos al construirse la nueva iglesia, por lo que no podríamos descartar que el de Bustos haya sido uno de ellos y que no estuviera ya en ella.

3) Afirma el EAAF que el estudio de los huesos extraídos permite reconocer la existencia de heridas compatibles con las que el general sufrió en vida. Lo que no se dice es cuáles fueron estas, ya que hasta hoy no se conoce un solo documento que las describa, y solo se sabe que el prócer salió herido de la batalla de La Tablada, pero no se conoce en dónde ni de qué manera, como para sostener dicha afirmación. El aplastamiento vertebral que muestra dicho cadáver en los cuerpos vertebrales dorsales números 8, 9 y 10, que según el EAAF son “compatibles con deformaciones óseas producidas por fuerzas de compresión”, responden sin duda a un proceso de espondiloartrosis, que sí produce aplastamiento vertebral, no así las “fuerzas de compresión” que habría sufrido el general con motivo de su caída al Suquía luego de la batalla de la Tablada, a estar con el relato del Dr. Ramón J. Cárcano. Un golpe de esa magnitud habría provocado fracturas, no aplastamiento.

4) Una foto del cadáver exhumado en su emplazamiento primitivo, incluida en el informe del EAAF, lleva una flecha que señala el norte, lo que permite comprobar que el cuerpo tenía el cráneo orientado hacia el sur, es decir, en dirección al altar. Las normas del Ritual Romano, que con invariable estrictez regían los entierros en las iglesias, establecían que los seglares debían ser sepultados con los pies hacia el altar y los sacerdotes con la cabeza en dicha dirección, lo que prueba que el cuerpo pertenecía en realidad a un religioso.

5) Por último, la comparación del ADN del cromosoma Y del cuerpo extraído con el del suscrito arrojó un resultado negativo, siendo que por descender ambos de un mismo antepasado por línea recta de varón, debería ser idéntico, pues solo se trasmite por vía masculina. Al arquitecto Francisco Bustos Correas, que tiene la misma relación de parentesco con el general que yo, no se le tomó la muestra, a pesar de haber accedido a hacerlo.

Las razones expuestas muestran la inconsistencia de los argumentos sostenidos por el gobierno provincial para seguir afirmando que el cadáver en cuestión pertenece al gobernador Bustos. Tal empecinamiento resulta sorprendente, por cuanto la verdad histórica no puede ser manipulada con afirmaciones voluntaristas que la realidad se ocupa de desmentir.

Es también una lástima que no haya sido consultada en ningún momento la Junta Provincial de Historia, organismo de asesoramiento del Poder Ejecutivo en la materia, lo que habría evitado este deslucido espectáculo. Así lo manifestó la corporación académica el 10 de junio de 2011 en un comunicado de prensa firmado por su presidente, Dra. Cristina Vera de Flash, que concluía afirmado que “La Junta lamenta profundamente que se la haya ignorado en todo este proceso, lo que habría evitado que se incurriera en los errores cometidos

A pesar de estas serias advertencias, de la cerrada oposición de la Junta Provincial de Estudios Históricos de Santa Fe y del dictamen negativo de la comisión creada para analizar la autenticidad de los restos, el gobernador Schiaretti logró el 19 de octubre de dicho año un informe del fiscal de Estado santafesino, Dr. Jorge Barraguirre, aconsejando se autorizara el traslado “bajo la responsabilidad de Córdoba”, para “no interferir con las relaciones establecidas entre la provincia hermana, la Orden de los Predicadores y la autoridad federal en materia de monumentos históricos”.

Cabe aclara que dicha autoridad –la Comisión Nacional de Monumentos, Museos y Lugares Históricos– anunció por su parte que no se pronunciaría en relación al tema hasta que los estudios forenses “permitan acreditar con certeza científica que efectivamente los restos hallados y exhumados en el Convento de Santo Domingo (Santa Fe) corresponden al ilustre gobernante cordobés”.

El gobernador santafesino aprobó la mudanza de los polémicos restos, que en una pomposa ceremonia se depositaron en la Catedral el 8 de noviembre de 2011, pero dos días más tarde la Comisión Nacional envió una nota al gobernador cuestionando su decisión, por cuanto “la búsqueda de los restos del ilustre cordobés no ha podido arrojar un resultado favorable”. Considerando que era “una aseveración apresurada la afirmación de una identidad no corroborada”, le recomendó que “no adelante afirmaciones o celebre actos protocolares”, hasta tanto se confirmase la autenticidad de los despojos.

El 21 de diciembre la misma Comisión se dirigió a Schiaretti para pedirle retirar los restos de su emplazamiento “inconsulto” en la Catedral, sobre la base de un dictamen de la Academia Nacional de la Historia, según la cual “no existen elementos para afirmar en forma cierta e indubitable, que los restos hallados durante las excavaciones realizadas en la Iglesia del Convento de Santo Domingo de la provincia de Santa Fe, pertenezcan al brigadier general Bustos”. Ello implicaba la prohibición de construir el mausoleo que el gobernador había proyectado en el atrio, y los restos quedaron depositados en el subsuelo del templo.

Poco después el gobierno de Santa Fe, apoyado en el mencionado dictamen, reclamó la restitución de los despojos, a lo que también se negó el gobierno cordobés. En 2014, la Junta de Estudios Históricos santafesina publicó un número especial de su revista dedicado al asunto, que en trescientas páginas reproduce siete monografías y diez anexos documentales que dan sustento a su opinión acerca los hechos relatados. En la presentación, la licenciada Ana María Cecchini de Dallo hace votos de que el libro “sea de utilidad en situaciones similares, en que la investigación científica se ve manipulada y tergiversada por la oportunidad política, en este caso concreto servir a un proyecto electoral”.

Como convalidando esta severa acusación, el 20 del corriente Schiaretti realizó una sorpresiva ceremonia durante la cual los restos de la disputa fueron instalados en un catafalco de mármol levantado en el atrio catedralicio, al costado de la puerta principal, en donde reposan los del deán Dr. Gregorio Funes y los del general José María Paz.

El empecinamiento del gobernador pudo más que la prueba incontrastable de la falsedad de sus afirmaciones y, contra toda lógica, utilizó al primer gobernador constitucional de la Provincia para llevar a cabo una lamentable simulación. Nada mejor que las palabras del periodista Carlos Schilling para calibrar su gravedad: “¿qué clase de historia pretendemos contarnos si en el mismo acto de homenajear a un prócer despreciamos la evidencia de que tal vez sus huesos no sean sus huesos?”.

 

 

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Comentarios (4)
  1. Creo que tenés elementos mas que suficientes para titular la nota como “Una Repatriación Falsa”.
    Además yo consultaría con un penalista pues – en mi opinión – se configura el delito de falsedad ideológica.

  2. Prudencio:
    Lo que me has acercado para leer, es una muestra más de la utilización política y eventualmente electoral de distintos símbolos patrios, sin importar demasiado la veracidad histórica, ignorando evidencias notables que contradicen lo que aseveran y usan públicamente.
    Abrazo
    Carlos María Almeyda y Almagro

  3. Prudencio:
    Lo que me has acercado para leer, es una muestra más de la utilización política y eventualmente electoral de distintos símbolos patrios, sin importar demasiado la veracidad histórica, ignorando evidencias notables que contradicen lo que aseveran y usan públicamente.
    Abrazo

  4. Estimado amigo:

    Muy buena nota, me hizo acordar a otros dos ejemplos similares, uno sucedido en Tarija, Bolivia y otro en nuestro país, Jujuy. El primero es nada menos que el fundador de Tarija, Luis de Fuentes, cuyos restos fueron trasladados a Tarija y el otro es aquel marqués del valle de Tojo, que ahora está en Jujuy. Ninguno de los dos está realmente en el destino que le quisieron dar.
    Saludos


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